2017: proyecto de vida

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ALBERTO DE LUCA BARTOLOMEO.-

Elegir cómo quiero vivir. Hay preguntas que son realmente importantes para la vida y que requieren de respuestas acertadas, tratando en lo posible de no cometer equivocaciones. Estas respuestas deben estar fundamentadas en valores y principios que, reflexionados y asumidos con seriedad, permitirán realizar un verdadero ejercicio de libertad y autonomía. Solo así se podrá decidir con relativa certeza cómo queremos vivir. La libertad no consiste en elegir lo que uno quiere, sino aquello que es coherente con la propia opción de vida. Por tanto, se requiere claridad en las opciones, reflexión profunda en cada situación y la voz de la experiencia de un psicólogo que ayudará a no cometer errores.

¿De qué manera quiero vivir? Las decisiones implican compromiso, la toma de posición ante los interrogantes y problemáticas tanto personales como sociales. Elegir la manera de vivir conlleva la opción por una manera de comprender al ser humano, al mundo y a la sociedad. “La pregunta acerca de si la libertad existe tiene su origen en mí mismo, que quiero que la haya” (Jaspers). La libertad entonces, es una decisión existencial porque lo decisivo de ella es el hecho de que yo elijo. Toda opción implica conocimiento para decidir en cada momento de la vida.

Elegir quién quiero ser. Comúnmente se suele afirmar que cada uno es libre de elegir lo que quiere ser. Ortega y Gasset, uno de los filósofos españoles más importantes del siglo XX, escribió: “Siendo la vida humana algo que hay que hacer, un quehacer, no hay más remedio que decidir a cada momento de la vida lo que se va a hacer, esto es, lo que ‘voy’ a hacer. Como lo que hay que hacer es la propia vida, cada uno decide lo que va a hacer, y con ello lo que va a ser, incluso cuando decide no decidirlo”. Elegir qué queremos ser es, entonces, un acto de libertad, un ejercicio continuo que se va realizando día a día y que implica toda la vida, y la existencia.

Dentro de los planteamientos psicológicos y filosóficos que abordan el tema de la libertad, se encuentra el existencialismo que sostiene la primacía de la existencia sobre la esencia. Para los existencialistas, como Sartre, no existe la libertad sino la responsabilidad de la persona ante las propias decisiones y acciones. Al afirmar la primacía de la existencia, la persona se ve abocada a asumir su realidad tal y como la encuentra al momento de nacer que, según este planteamiento, no es un acto libre de la persona. Cabría preguntarse si la persona puede decidir lo que quiere ser cuando es condicionado de manera radical por su existencia. No es el caso del existencialismo cristiano en el cual la persona asume con libertad el ejemplo de Cristo y libremente opta por esta manera de ser y de vivir, asumiendo las exigencias tanto de Jesús como de los valores y principios propios del cristianismo. Aquí, la libertad no es una conquista del hombre, es un don recibido de Dios.

¿Quién soy yo en realidad? Esta es una de las preguntas más profundas que todos podemos y debemos hacernos, si queremos ser honrados con nosotros mismos y llegar al fondo de nuestra personalidad humana. ¿Quién soy yo? Es un interrogante desafiante. Generalmente lo rehuimos, por miedo a enfrentarnos con nosotros mismos y constatar que no somos realmente la persona que tenemos que ser. Entonces, resulta más fácil y más cómodo escaparnos, y así continuar siendo lo que hemos sido hasta el presente. Entonces, ¿No será bueno preguntarnos ¿“espejito, quién soy yo”? Esta es una tarea personal. Nadie puede suplirla. delucabartolomeo@gmail.com

 


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