Carnetizar a las víctimas, fascismo puro

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POR RICHARD CASANOVA

Ante la profunda crisis social y económica que sufre el país, al gobierno no se le ocurre otra cosa que carnetizar a las víctimas. Es indignante que -según la propaganda oficial- el Carnet de la Patria sea para “conocer más de cerca las necesidades del pueblo”. ¿Qué clase de idiota pasa 18 años en el poder y necesita hacer un censo para conocer las necesidades? ¿O es que piensan que los idiotas somos nosotros, los venezolanos? Si de verdad quieren constatar la realidad, bastaría con que salieran de los predios palaciegos y de los lujosos restaurantes, que bajarán de sus ostentosas camionetas y caminaran por las calles dos minutos sin sus escoltas. Bastaría con asumir el resultado de las encuestas, pues en todas se refleja el colosal fracaso de la “revolución”.

La verdad es que estamos ante una nueva estafa a los más pobres, un vil intento de manipular políticamente a este pueblo que sufre grandes calamidades. El gobierno se sabe incapaz de ofrecer soluciones reales y opta por alimentarle expectativas a los más humildes. Así, quien tiene hambre es probable que se haga pasar por chavista y busque su carnet por aquello de “uno no sabe, a lo mejor me dan…”. Esa práctica fascista es perversa pero no es novedosa. Lo mismo se hizo con la llamada “Gran Misión Vivienda”: censaron a todo el que soñaba con un techo propio, luego hacen una cadena nacional para entregar 50 viviendas y dicen que han construido millones de ellas; le generan a la gente la falsa ilusión de que “en cualquier momento me toca a mí”. Ese es el libreto y así hacen hasta con las medicinas. Juegan con las esperanzas de los más pobres, tal vez lo único que realmente ellos poseen hoy. Esa es la receta cubana desde el principio. Sin embargo, el resultado ha sido el brutal incremento del déficit habitacional, una crisis social pavorosa y más recientemente, la monumental paliza en las elecciones parlamentarias. El gobierno que llegó al poder con una retórica en defensa de los pobres, paradójicamente hoy -luego de transcurrir casi dos décadas- ha elevado a niveles dramáticos la pobreza y desarrolla políticas que condenan a la población a una eterna miseria, la cual contrasta con la obscena riqueza de las cúpulas podridas del régimen. El Carnet de la Patria no solo es un fraude sino una muestra de exclusión. No se carnetiza a todas las víctimas del gobierno, sino sólo a aquellas que estén dispuestas a mostrar lealtad a sus victimarios. Si el objeto fuera brindar algún beneficio ¿No bastaría con la cédula de identidad? ¿Por qué condicionar políticamente los beneficios que el Estado está obligado a garantizar a la ciudadanía? ¡Fascismo puro!

Insisto esta práctica no es novedosa, incluso al insepulto le funcionó en su momento. Pero aquí cabe advertir que “Maduro no es Chávez”. Además, la crisis es espantosa y puede desbordar al país. Aunque la propaganda oficial es abrumadora, el rechazo crece día a día, pareciera que el proceso de deterioro del gobierno es irreversible. Claro, lejos de subestimar las truculencias del gobierno, es necesario advertir este fraude al pueblo que pretende aprovecharse de sus necesidades y manipular sus esperanzas. La denuncia procede aunque -a esta altura- el país sabe que con el modelo económico cubano y la incapacidad de la corrupta élite chavista, será imposible generar la confianza necesaria para reactivar el aparato productivo y superar la crisis. Todos saben que la incompetencia del gobierno solo se compara con su inmensa vocación delictiva.

@richcasanova


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