De inmediato se puso a servirles    

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ELENA LANDAETA.-

«No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» Mateo 4,4

Jesús cura a la suegra de Pedro, la suegra estaba en cama y al ser curada, de inmediato se puso a servirles; eso es un buen ejemplo de obediencia inmediata, un ejemplo de predicar la Buena Nueva con la acción. Y vemos cómo cada una de las personas que sanaba Jesús, de una vez empezaban a seguirlo; el paralítico de la piscina de Betesda, el ciego de Jericó, el leproso que le dio gracias, la mujer de quien expulsó siete demonios. Todos despertaron a la vida y a la esperanza, como nosotros ahora, hoy en día, leemos la Biblia, oramos, vivimos en Jesús, sentimos su cercanía y dejamos que Jesús haga su obra en nosotros, actuando con cada impulso de amor que sentimos en nuestro corazón, nos hacemos seguidores de Jesús.

“Salía de él una virtud que sanaba a todos” (Lucas 6,19), al toque de su mano los ciegos veían, los sordos oían, los mudos recobraban la palabra; era tan grande el poder que emanaba de Él, que a la hemorroísa le bastó tocar el ruedo de la ropa de Jesús, para al instante sentirse curada. Así, podemos entender a la suegra de Pedro, que de inmediato se puso a servirles, y vemos que en la narración de los Evangelios según Mateo, Marcos y Lucas, aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos”. Éste es aquel de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Luego, aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él; Bautizado Jesús y venir el Espíritu de Dios sobre él, entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser allí tentado durante cuarenta días por el diablo, como antaño Israel durante cuarenta años.

Cuando Jesús oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea, y dejando a Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado”. También leemos que Jesús llamó a sus cuatro primeros discípulos, caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, ambos pescadores, hombres sencillos, humildes, pero ellos al instante dejando las redes le siguieron. Igual ocurre con Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, pescadores, a quienes también Jesús llamó y al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Podemos ver que una y otra vez, siguiendo el ejemplo de Jesús, todos obedecen al instante y empiezan a servir, predicando y con la acción.

Jesús afirma expresivamente que no hay redención, ni vida sobrenatural o vida de gracia, sino para quien vive en Él, injertado en Él; lo mismo que en el sarmiento no hay vida ni frutos, sino en la medida en que está unido al tronco. Muy estrecha es la conexión que Jesús ha querido entre Él y los hombres, que es indispensable para su salvación y santificación.

Oración. Dios mío, que siempre recuerde que no sólo eres vida para mí, sino mi única vida. Tú eres “el Camino, la Verdad y la Vida”. Tú eres mi vida y la de todo viviente, todos los hombres viven por mediación tuya, por Gracia. No permitas que lo olvide durante las ocupaciones diarias. Dame un amor verdadero a las almas, a esas almas por las cuales tú has muerto. Enséñame a orar por su conversión y a contribuir a ello en cuanto esté de mi parte, que de inmediato me ponga a servir. Amén.


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