Cuéntenme una de vaqueros

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IVÁN COLMENARES.-

Las revoluciones son sostenidas con mentiras. Como antes, con la Unión Soviética y Cuba con falta de información y medios para mantenerse con aquello del pensamiento y partido único. Por eso, la principal medida de una dictadura es cercenar la libertad de expresión. En Cuba, el grave error fue la huida de la clase media. En Venezuela, se ha resistido durante 18 años, gracias a la tenacidad de las fuerzas democráticas, con todas las críticas que puedan realizarse, pero silenciosamente hemos perdido más de tres millones de posibilidades con el exilio juvenil y profesional, que sobrevive en otros países, pero con libertad y dignidad.

Las memorias y cuentas de los mandatarios se han convertido en un andamio de falsedades, en la cual nadie puede controlar y certificar si toda esa diarrea de cifras es cierta. Reinaldo Castañeda, gobernador dejado para culminar una nefasta etapa de la vida pública portugueseña, presentó en medio de una parafernalia extravagante y dilapidadora de recursos, la suya, que es la misma de Wilmar Castro, pero con menos oratoria y menos histrionismo. Como se ha peleado con media humanidad por ese afán contagiado por su titiritero, a quien calificó de “nuestro padre, nuestro guía y nuestro hermano”, de ser su sucesor electo por la decisión del PSUV, cosa que cada día se le pone más cuesta arriba, la movilización fue inútil. Había muy poca gente, y por eso esconden entre las penumbras del atardecer y el comienzo de la noche veraniega, sus palabras que se estrellan con la miserable realidad de un estado, uno de los más pobres de un país, a pesar de que ayuda a paliar la crisis alimentaria, con algunos productos.

El cinismo no podía faltar en esa tizana de sandeces. “Una sequía impresionante que generó fallas en el servicio eléctrico, una desmedida guerra cibernética y económica, además de un problema de escasez de alimentos y medicinas que fueron descubiertos por la revolución”, son palabras que indican que ni vergüenza tienen, porque esos males son producidos por este régimen de corruptos e inmorales, que se robaron todos los reales del mundo, sobre todo, aquellos destinados a mantener la producción y trasmisión de energía desde el Guri, y que nos echaron veinte mil cuentos chinos con termoeléctricas que nunca han terminado, comprando chatarra como plantas nuevas.

Donde no tienen comparación es en infraestructura. El peor funcionario, el más irresponsable y el más protegido es Alejandro Guevara, y vean su ejercicio y díganle al estado si esto se ve en alguna parte: 92 rehabilitaciones de vías (sin nombrar por supuesto), 10.285 viviendas (gobierno regional o Misión Vivienda Venezuela) y señalen el sitio y el beneficiario, porque lo que está a la vista no necesita anteojos. Y esta perla: 36 nuevos centros de salud, en la más inhumana crisis de salud, donde hasta el bocio endémico se convirtió en epidemia con el silencio asesino de las autoridades regionales. Y ante esta impudicia sin parangón, no le bastan las mentiras, sino que se atreven a anunciar que van a dejar el cuero en el campo, donde ni lavan ni prestan la batea, porque este modelo fracasó estrepitosamente.

Nos morimos de sed e inseguridad, pero Esomep y Esinsep, manejan presupuestos fabulosos para obras lujosas como el puente tubo, el sueño parisino de WACS y el aeropuerto de Araure, símbolo de un pozo sin fondo, donde no vale Contraloría ni un carajo. Y esa es la tarjeta de presentación de dos gestiones de gobierno en una: Castañeda y su padre político.

Castañeda no levanta ni sospechas. Y con él, además de la feria de cuchillos largos que cargan los precandidatos y sus facciones, el PSUV va por un calvario de antipatías, que pagarán las facturas cuando celebren elecciones.

 


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