historia de supervivencia

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EDGAR RIVERO/

Actualmente, vivimos una situación de inseguridad y delincuencia que se ha incrementado hasta llegar a cifras alarmantes. Amén de la escasez de medicamentos, para tratar enfermedades crónicas, virales y las ocasionadas por accidentes. Por otro lado,  tenemos la inflación galopante y el desabastecimiento de alimentos. Todo este panorama, causado por la dictadura de Maduro, está provocando niveles de estrés en la población. Ya para el venezolano su país se ha tornado en un ambiente amenazante y esto está provocando trastornos mentales como la depresión, ansiedad, fobias, intolerancia y hasta violencia intrafamiliar o social y en el peor de los casos la muerte.

Tal es el caso de miles y miles de venezolanos que han entendido que esto va para rato y al sentirse impotentes y desesperanzados, optaron por irse del país, algunos con posibilidades económicas, con familiares o amistades que les reciben; otros que no corren con la misma suerte y deben empezar desde cero, con el agravante de engrosar las estadísticas de “ilegales” y perseguidos; sobre todo ahora con el escándalo de la venta de pasaportes a terroristas, por parte de nuestro flamante vicepresidente. También podemos referir el caso de quienes no pudiendo emigrar por falta de recursos, por miedo o por apego familiar, no solo se quedan a sobrevivir, sino que además del estrés postraumático, provocado por la destrucción de nuestra economía, deben pasar penurias y ven minada su salud al no encontrar alimento o medicinas.

Un ejemplo claro de esto último lo voy a tratar de describir, al comentar el caso específico de Pastora, una querida amiga de la tercera edad, muy conocida en el sector la Goajira de Acarigua, a quien me encontré al salir de la Misa, el pasado domingo y quien me comentó con mucho pesar que nunca antes en su larga vida, había visto que para poder comprar alimentos y medicinas tuviera que portar un “carnet de la patria”. Mi amiga, recordó toda la trayectoria de la democracia en beneficio del pueblo, sin discriminación. Me dijo que la bonanza petrolera, en aquellos tiempos de AD y Copei, siempre se reflejó en programas sociales sin color político, ni humillaciones.

Lastimosamente, hoy el pueblo debe hacer cola para obtener el carnet de la patria. Así lo hizo Pastora, con la esperanza que podría conseguir sus pastillas para la tensión, pero tristemente pronto se dio cuenta que sus esperanzas fueron en vano, se sintió burlada, humillada y más enferma que antes, pues se dio cuenta que el mencionado carnet no le sirve para nada, que no sea la acostumbrada cortina de humo, una promesa incumplida más de este régimen comunistoide, que sólo usa artilugios, para mantener controlado al pueblo en una eterna cola para todo.

Esta historia de supervivencia “Hecho en Acarigua”, que quise compartir debido a mi consternación e impotencia, deja en evidencia que a esta dictadura, no le importa si la gente vive o muere. La ausencia de medidas efectivas, adecuadas y sostenibles para solventar las constantes fallas y las deficiencias en la prestación del servicio, priva a la población de tratamientos y servicios de atención esenciales.

Por consiguiente, el ciudadano común debe comprender que los retrocesos y estancamientos en materia de disponibilidad, accesibilidad, gratuidad y calidad de la atención prestada, son la responsabilidad del régimen, ya que el control sobre este sector no se expresa nada más en la entrega de divisas para la importación de los medicamentos y otros insumos, sino también en la comercialización y manejo de los mismos. Quedando claro quién es culpable. Enormes guisos se hacen a espaldas del venezolano, jugando con su vida.

El pueblo debe saber cuántas veces otros países amigos, nos han enviado ayuda humanitaria en alimentos y medicinas y esta dictadura la ha rechazado y se niega a declarar la emergencia sanitaria, alimentaria y humanitaria. Aparentar que todo está bien y desmentir a médicos, productores y a la oposición cuando alertan de la situación que vivimos es un acto criminal. Pero no hay mal que dure cien años y pronto le llegará su fin a esta dictadura. Ni siquiera un carnet podrá detener al pueblo cuando la última gota derrame el agua contenida en el vaso (Venezuela) Por eso le digo a Pastora y tantos amigos y amigas como ella: no desmayen, aguanten que ¡Sí se puede!

riveroeeea@gmail.com


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