El miedo a la libertad

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ALBERTO DE LUCA BARTOLOMEO.-

Un 23 de marzo nace Erich Fromm. Una de las características más valiosas del gran psicólogo austríaco es que apartándose de la orientación demasiado “dogmática” y a veces “abstrusa” de sus predecesores, sobre todo Freud y Jung, prefiere conservarse en contacto permanente con los hechos cotidianos y con las enseñanzas de la historia, en cuya interpretación puede y debe apoyarse la de los fenómenos psicológicos.

Gracias a este método, el lector no se siente atropellado por afirmaciones apremiantes de las cuales ignora el origen y las razones, y conserva a través de las múltiples interrogaciones que van apareciendo ante su mente, la libertad de aceptar o discutir las conclusiones que se le ofrecen, el socrático privilegio de pensar con el autor. Pero en El miedo a la libertad insiste, además Fromm, en una particularidad de la vida moderna que nos angustia a todos y que muy pocos logran explicarse: el antagonismo, que hoy se ha agudizado tanto, entre el yo íntimo y verdadero de cada cual, y el yo social, artificioso y coactivo, que se superpone al otro y cada día lo esclaviza más y más.

Como si para defendernos del medio social necesitáramos ocultar nuestra personalidad dentro de una corteza que nos protege pero que nos oprime; como si para lucir y triunfar en sociedad, o siquiera para sobrevivir, estuviéramos obligados a llevar constantemente un recargado uniforme, que puede causar admiración en los demás pero que a nosotros nos fatiga y paraliza, así sufrimos ese conflicto interminable entre lo que espontáneamente quisiéramos ser y el personaje teatral que hemos asumido para presentarnos ante el público, o que éste nos ha impuesto.

Es tan trágico ese constante forcejeo, que hasta expresado por Fromm en términos objetivos y científicos parece que nos asfixia: “El hombre, escribe, no solamente vende mercancía, sino también se vende a sí mismo y se considera como una mercancía. El trabajador manual vende su energía física; el comerciante, el médico, el psicólogo, el empleado, venden su personalidad. Todos ellos necesitan una personalidad si quieren vender sus productos o servicios. Su personalidad debe ser agradable: debe poseer energía, iniciativa y todas las cualidades que su posición o profesión requiera. Si las características ofrecidas por una persona no hallan empleo, simplemente no existen, tal como una mercancía invendible carece de valor económico, aun cuando pudiera tener un valor de uso”. Por desgracia, además de iniciativa y energía, la sociedad impone otras condiciones infinitamente inferiores, para aceptarnos como mercancía cotizable. Impone ostentación, disimulo, mentiras y complicidades en cada uno de nuestros juicios, acatamiento a las sucesivas imposiciones de la moda en materia de moral, arte, política, religión, etc. Hasta el propio hogar llega aquella presión de la colectividad.

La tesis de Fromm no es, sin embargo, tan pesimista como ha resultado de estos sucintos comentarios. En todo caso, puede aliviar muchas de las angustias de la vida moderna, porque conocer la causa de nuestros males contribuye, cuando menos, a relajar la tensión que nos atormenta cuando una situación, además de dolorosa, nos resulta inexplicable. Fromm explica que también las buenas intenciones, los buenos deseos, lo buenos pensamientos se reprimen actualmente, como si fuera algo vergonzoso. Pedantemente podríamos decir que tenemos ya la tesis y la antítesis, faltaría sólo la síntesis. La tesis sería la interpretación de la antigua sociología según la cual el individuo no es en gran parte sino reflejo del medio social en donde se desarrolla: Marx. La antítesis estaría representada por la concepción que traslada el problema a lo más íntimo del mismo individuo: Freud. La síntesis podría venir por el camino que, aunque muy a la ligera, me aventuro a indicar: Fromm.

Quiero que la publicación de este sencillo artículo sirva de homenaje a un pensador que creyó por encima de todo en el Hombre como ser capaz de actividad libre, racional y solidaria, y que a fundamentar y defender tal fe dedicó su obra, donde relaciona la vida social y la psicología humana en función del amor y la libertad, en un verdadero humanismo. Fromm ha llegado a ser uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo.

delucabartolomeo@gmail.com

 


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