Maestrías, posgrados y posdoctorados

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DAVID FIGUEROA DÍAZ.-

Por lo general, en esta columna se publican casos sobre impropiedades lingüísticas, tomados de los medios de comunicación y del habla cotidiana, sin mencionar personas, aunque he hecho alusiones directas, pero hasta ahí. Y cuando ha sido necesario nombrar a alguien, lo he hecho para encomiar la dedicación de quienes se ocupan en indagar sobre el apasionante mundo de la expresión oral y escrita. Frecuentemente recibo misivas por vía de correo electrónico, contentivas de interesantes inquietudes, cuyos remitentes son mayormente profesionales de la comunicación social y de otros cuyos oficios se basan en lenguaje. Algunas veces las cartas no son para consultar, sino para elogiar la labor que me ha correspondido desempeñar hace ya más de veinte años, gesto que agradezco altamente. La intención de Nuestro Idioma, como su nombre lo sugiere, es exponer los vicios de la manera más sencilla, en virtud de que las dudas puedan disiparse; pero en ocasiones he abordado asuntos que, aunque no son propiamente lingüísticos, de una u otra forma están relacionados con lo oral y lo escrito.

En una oportunidad escribí sobre unas canciones venezolanas (Orinoco, gaita de Rincón Morales, y Capitán del llanura, de Jorge Loaiza), que en cuyas letras se alude al hecho de que el principal rio de este país desemboca en el Mar Caribe, lo cual, en mi supina ignorancia sobre geografía, es un error, pues tengo entendido, y así me lo enseñaron en primaria y me lo ratificaron en secundaria, que el “padre río” vuelca sus aguas en el Océano Atlántico. También me referí a una canción de Vitico Castillo, con la que le rinde un homenaje a su señora madre, Simona del Carmen Flores. El mencionado cantante apureño asegura que su progenitora nació “en el año 38, cuando Juan Vicente Gómez”, lo cual no pudo ser posible, toda vez que para esa época el presidente era el general Eleazar López Contreras. De eso no tengo dudas; pero en cuanto a lo del río Orinoco me gustaría que alguien me diera luces.

El tema de hoy, como los arriba mencionados, tampoco es de impropiedad lingüística; pero contiene algo que vale la pena mencionar, en función de que se despejen las vacilaciones. Muchas personas: periodistas, estudiantes y docentes universitarios, no tienen claro lo que es un posgrado, y no lo digo por  sabelotodo, sino porque ahora es muy frecuente leer u oír que la universidad tal ofrece maestrías y posgrados, como si una maestría no fuese un posgrado. No se necesita ser miembro de la Real Academia Española para saber que posgrado significa después del grado. Todos los estudios que van después del este son posgrados: especialización, maestrías y doctorados. Ahora bien, ignoro si en el sistema educativo de Venezuela existe un orden por el cual deben regirse los estudios de posgrado, y eso es otra cosa.

De lo que sí no tengo dudas, es que un doctorado es el último preeminente grado en una facultad, pues así lo define el DLE, aunque una amiga mía, brillante docente y estudiosa de esos menesteres, me habló hace poco de la existencia de posdoctorados. Me llamó la atención, habida cuenta de que ignoraba su existencia. Es posible que la dinámica educativa haya impuesto la inclusión de un grado por encima del doctorado, lo cual no tendría nada de malo. A todas luces se evidencia que existe una intención de brindar mayores oportunidades de elevar el nivel de preparación de los profesionales. Habría que ver en qué consisten los dichosos posdoctorados, que como su nombre lo deja entrever, es un estudio que habrá de realizarse después de un doctorado.

Pregunto: ¿si un doctorado es el último preeminente grado de una facultad, qué sentido tiene un posdoctorado? Sobre eso también me gustaría recibir alguna orientación que me permita salir de la duda. Pienso que después del doctorado no debería haber más grados, pues de allí en adelante la cuestión pudiera definirse en títulos honoríficos; pero solo es mi opinión, basada, claro está, en conocimientos básicos de semántica.

Aclaro que no se incurre en impropiedad al escribir posgrado, pues es un vocablo que al lexicalizarse, perdió la configuración original con la que entró en nuestro idioma. También puede escribirse postgrado.  dfigueroa64@gmail.com, @nuestroidioma65, nuestroidioma65.blogspot.com

 


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