San José, casto esposo       

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ELENA LANDAETA.-

«¡Dios te salve, Oh José, esposo de María, lleno de gracia!»

San José, casto esposo de María, padre ejemplar de Jesús, hombre honesto, prudente, dócil a la guía del Espíritu Santo, en un momento fuerte de duda, siguió el impulso de su corazón, “Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (Mt 1, 24), tomó a María junto con el Hijo que llegaría al mundo por obra del Espíritu Santo, Dios se lo pedía por medio de su mensajero. Difícil, en nuestra humanidad seguir esa inspiración, pero San José con un corazón puro, lo hizo, aunque en secreto quiso repudiarla, pero no lo hizo por su misma docilidad de atender el llamado que Dios le estaba haciendo. En ese tiempo, tuvo el valor de llevar esa misión que lo llevaría a la santidad, en medio de la incertidumbre, como es la vida de fe, pero con una intensa paz que solo tenemos cuando seguimos a Dios, lo amamos y estamos conscientes de su Amor.

San José tan santo, respondió fielmente a las gracias que recibió para cumplir una misión sin igual, San José, a quien pedimos intercesión en la castidad, en la prudencia, en el hogar, en la perseverancia, en la fidelidad, en una buena muerte, como enseña San Bernardino de Siena, siguiendo a santo Tomás, que, “cuando, por gracia divina, Dios elige a alguno para una misión muy elevada, le otorga todos los dones necesarios para llevar a cabo esta misión”.

A San José, le pedimos en las tribulaciones, cuando abrumados de aflicciones, lloramos bajo el peso cruces, cuando sentimos desfallecer, sin fuerzas cuando sentimos difícil el morir, nos ayude a tener una buena muerte después de una vida tan trabajosa, poder ir a gozar para siempre de la bienaventuranza del Paraíso. En esta actualidad en que vivimos, que todo es de prisa, no nos alcanza el tiempo, y a veces nos quejamos de no poder dedicar un rato a la oración, San José, Patrono de la Vida Interior, nos enseña que en el día a día, en nuestra labor cotidiana podemos orar en silencio, mentalmente, mientras realizamos ese trabajo solo o en grupo.

San José, Ilustre descendiente de David, Esposo de la Madre de Dios, Custodio purísimo de la Virgen, Nutricio del Hijo de Dios, Diligente defensor de Cristo, Jefe de la Sagrada Familia, José justo, José casto, José prudente, José obediente, José fiel, Espejo de paciencia, Amante de la pobreza, Modelo de obreros, Gloria de la vida doméstica, Custodio de vírgenes, Sostén de las familias, Consuelo de los desdichados, Esperanza de los enfermos, Patrono de los moribundos, Terror de los demonios, Protector de la santa Iglesia, como dicen las Letanías a San José aprobadas por la Iglesia Católica.

Nos podemos hacer devotos de San José, hijos adoptivos de san José, lo podemos nombrar nuestro Patrono, y pedirle una santa muerte, así como dice San Bernardo de Siena: “Si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen María, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a San José, después de ella, una especial gratitud y reverencia”.

Oración. Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San José, que jamás se ha oído decir que ninguno haya invocado tu protección e implorado tu auxilio sin haber sido consolado. Lleno, pues, de confianza en tu poder, ya que ejerciste con Jesús el cargo de Padre, vengo a tu presencia y me encomiendo a ti con todo fervor. No deseches mis súplicas, antes bien acógelas propicio y dígnate acceder a ellas piadosamente. Amén.


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