Sorpresa blanca

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IVÁN COLMENARES.-

La fiesta con la que el pueblo adeco asumió la validación de su histórica organización sorprendió a tirios y troyanos. La masiva y alegre participación del adecaje fue una premonitoria manifestación de que este país va a cambiar y muy pronto de los que muchos creen, por lo menos, en la conducción política, es una lectura obligada para quienes formamos parte de la esperanza unitaria. Pero si en los nuestros, la sensación de  asombro era pública y evidente, la de los rojos rojitos debe ser mayúscula.

Primero, metieron a AD con COPEI y Proyecto Venezuela, sin olvidar que también para estos días estaba programado Primero Justicia, que logró cambiar de fecha. Luego se inventaron por lo menos en Guanare, un operativo cambalache de aires acondicionados. Amén, de las descomunales colas de la gasolina. Y a la chita callando, sin mucha bulla, la dirigencia municipal de AD en las 14 circunscripciones portugueseñas, cumplió con la meta el primer día.

El repaso de esta emoción debe comenzar por la presidencia en la Asamblea Nacional de Henry Ramos Allup, que se convirtió en un acicate para despertar el dormido espíritu gregario acciondemocratista. Y una carga histórica de más de 70 años que reposaba en cada corazón militante, comparada con el caos que esta generación de militares instaló en complicidad con los chupasangres cubanos en esta patria mancillada, destrozada, adolorida, casi inerte, pero que tiene en las resistentes venas de las almas opositoras, residuos de la herencia que llenó de libertad a la América del Sur.

Pero yo que me conozco, aunque ha crecido mucho, a mi estado como la palma de mi mano, he comprobado que en cada rincón de este corazón geográfico que se llama Portuguesa, hay adecos, que algunos de ellos, que se fueron detrás del hombre a caballo, repiten su historia ante hijos y nietos, de la gran contribución en el desarrollo de un país, salido de dictadura, convirtiendo junto a otros factores de la vida pública, los cuarenta años de gobiernos civiles, en la más incuestionable y fructífera etapa de la República desde 1830.

No le importó a su militancia, adormitada tal vez, los conflictos internos ni las amenazas que retumban como eco funerario, comenzando por la promesa de que iban a freír cabezas blancas. No le importó la lluvia, ni la vieja operación galope. Se presentaron ante la máquina al son de su “adelante a luchar milicianos…Libre y nuestra la patria en las manos / de su pueblo, por fuerza y razón / Sin señor, sin baldón, sin tiranos /con la paz, con la ley, con la acción” y como tituló el diario guanareño, parecieron cumplir la vieja canción colombiana “No estaba muerto, estaba de parranda”.

Ya van pues, cuatro po’el buche. Y falta la quinta pata de la Mesa de la Unidad. Sábado y domingo, los que no han validado, tienen una oportunidad para aportar su grano de arena y completar esta otra derrota para el gobierno.

POSTDATA: La violencia de género en el gobierno revolucionario, que se autoproclama feminista sigue siendo una cotidiana práctica de algunos que se creen que tienen a Dios agarrado por la chiva. Ahora le tocó el turno, a un déspota, importado, que insulta a las mujeres que trabajan en Esinsep. Alejandro Guevara ya está denunciado ante los organismos competentes, pero como está protegido igual que el Comisario Valecillo, cuya historia reciente, ya conocen, porque haciendo de las suyas se metió con una enchufada, porque a los pendejos en este régimen, nadie los defiende, seguro no tendrá castigo. Aunque pagaron páginas y organizaron respaldos con dineros públicos para acallar la denuncia, las agresiones se conocieron. Guevara continúa la impúdica práctica de aquel malrecordado Coronel Pirela. Otro disfraz “socialista” del siglo XXI. ¿Hasta cuándo nos iremos a calar esta pesadilla?


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