Mentiras agrícolas

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IVÁN COLMENARES.-

El gobierno en sus estertores agónicos ha desatado anuncios ante los reclamos de diversos sectores agrícolas del país, por la suerte del ciclo norte verano. El Ministro de Agricultura atormenta con cifras fantasiosas y medidas repetidas con millones en demasía que, aunque no se ven los resultados, bien sabemos a dónde van a parar, como decía don Mario Briceño Iragorry al hablar de dignidades, como esas que se producen “con saber trasladar a la cuenta personal los dineros de la cuenta de la Nación”.

Hemos oído a Maduro destinar hasta una millonada, me imagino a fondo perdido, para reactivar algo que sencillamente fracasó, como entre tantas cosas: los fundos zamoranos. Vimos a Aristóbulo Istúriz -desde Ospino- creer que se la está comiendo con toneladas de semillas, y como él sabe tanto, que sabe a lo que ustedes piensan y yo quiero decir, ni siquiera tiene dimensiones del escaso alcance de esa cantidad. Y del titular de la cartera “competente”, nada nos sorprende.

Fedeagro replica con resignación y pedagogía cada anuncio gubernamental. Pero sabe que ara en el mar, porque a esta casta importadora y depredadora que desprecia al hombre de trabajo en su país, poco le importa la opinión de los que sudan diariamente para ver cómo se sostiene un aparato productivo en decadencia, con la indignación de saber que se hacen supermillonarios los agricultores e industriales de otros países y la cúpula militar y del PSUV que controla las importaciones y la cadena de distribución de los alimentos. Y pensar que con la cuarta parte de lo que se gasta en comprar afuera, se puede reactivar la producción nacional.

Anuncios van y vienen, pero si hay un gobierno que ha perjudicado al sector ha sido este de Nicolás Maduro. Indudablemente que tiene una herencia muy pesada con la destrucción irracional que comenzó Elías Jaua, bajo la autorización infernal del difunto y que pistola al cincho, continuó el siempre mal recordado Juan Carlos Loyo.

Veamos un ejemplo con los fertilizantes que no son importados, por lo menos, los que produce Pequiven. Un agricultor amigo, respetado y admirado por lo demás por su constancia y solidaridad, nos explica que ahora será la fatídica Agropatria, en su peor momento, quien recibirá lo producido en Pequiven para distribuirlo a los agricultores. En el 2015, con 1.200 bolívares se compraba una tonelada, mil kilos, de fertilizante. El año pasado esa tonelada costó 24 mil bolívares, y ahora su valor se transformó en 160 mil bolívares. ¿Cómo vamos a hablar de exoneraciones, de beneficios al sector, cuando hay un aumento en un solo componente de un 800 por ciento? No van a poder borrar el daño que le han hecho a la agricultura, la destrucción del aparato productivo, con un decreto con el cual podemos traer una disco de rastra exonerado en las aduanas.

No se puede conseguir un saco de semilla ni de fertilizante, cuando a escasos diez días de que comience la siembra de maíz, la más importante del estado y del país, no se han suministrado los insumos necesarios, que muestra la peor crisis que haya vivido la agricultura en los últimos años. Sólo tienen el 3 por ciento del inventario de semillas. 90 mil hectáreas de caña se pueden perder por falta de fertilizante, según Socaportuguesa.

La realidad les escupe la cara a los ministros y al Presidente. Cuántas veces han anunciado recursos para vialidad. Nuevamente, notifican la recuperación de dos mil kilómetros de carreteras rurales. Creo que van tres anuncios de ese tipo en año y medio, y nuestras vías, por lo menos las de Portuguesa que conocemos, transitamos y nos comunican los amigos para que digamos sus condiciones en los programas de radio y televisión, están convertidas en un verdadero infierno. Han abandonado a su suerte la vialidad nacional, desde autopistas hasta ramales, pero esos dineros gritados engrosan la riqueza mal habida de cualquier jerarca rojo.

La otra verdad, más cruda aún, es para qué van a reparar vías, si las condiciones para sembrar presagian que no habrá cosecha que transportar. Para decirlo con datos específicos, en La Capilla de Guanarito donde se sembraban hasta el año pasado unas cinco mil hectáreas de arroz, este año no llegan a dos mil. 50 por ciento ha caído la producción de arroz según Asoportuguesa. Y el sector campesino, que ha sido el más golpeado por esta revolución, menos puede aportar al Producto Interno Bruto, porque si no pueden los medianos con las políticas asesinas que han implementado y la más inmoral corrupción que se ha tejido en todos los organismos, menos van a poder los más desasistidos de esta cadena. Y tienen la cachaza de anunciar que trabajarán 745 mil hectáreas con el Plan de Siembra Comunal.

Lo cierto es que el gobierno no pega una. Pero, para vergüenza y desastre de un país, donde menos acierta es con el sistema nervioso de la Nación: su aparato productivo agropecuario y agroindustrial.


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