Santa francisca del santísimo sacramento  

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ELENA LANDAETA.-

«Nació desfavorecida de las gracias de la hermosura» Fray Francisco de la Cruz

Francisca de Binuesa, nació 12 de marzo de 1561 en el pueblo de San Andrés de Soria, sus padres Don Fernando de Binuesa y Doña Teresa de Barnuevo, ilustres familias. Buena educación y condición holgada, sorprendió a su familia el día del Corpus de 1582 con la decisión de convertirse en monja, había tenido una visión de Jesucristo aparecido en la Sagrada Forma. A los 22 años, ingresa como novicia en el convento de la Santísima Trinidad de Soria, donde Sor Catalina de Cristo ejercía como Priora, la recibió con el nombre de Sor Francisca del Santísimo Sacramento.

Francisca vivió desde joven terribles visiones: viajes al infierno, visitas del demonio (como bello galán tentador o como monstruo terrorífico), personas conocidas y desconocidas que no caminaban entre los vivos; voces y gritos que resonaban en su cabeza sin cesar, vivencias que solo ella conocía y que la llevaron a profesar una extrema devoción a las Benditas Almas del Purgatorio.

Francisca en su noviciado descubre su alma en Confesión: “Siempre he huido mucho, he pasado mucho en encubrirlas todas las mercedes que Dios me hace la que yo más estimo es la de poderlas disimular y tener en silencio, y han pasado muchos años que ninguno de casa sabía nada hasta de poco acá que me declaré con un confesor y con la Madre priora”.

Sor Francisca quiso dejar los hábitos, creía estar endemoniada, sentía que no estaba en su sano juicio, pero el apoyo de la priora y las visiones de la Virgen y de algunos Santos (San Agustín llegó a aparecérsele 34 veces a lo largo de su vida) la convencieron para continuar. Practicó la mortificación con castigos físicos, su ayuno a base de agua desde el desayuno, rara vez era complementado con algo de pan por la noche. Dormía en el suelo bajo una raída manta, que luego escondía para que no se la quitaran y la obligasen a recostarse en el catre, pasaba en oración profunda el tiempo que sus obligaciones se lo permitían.

Sor Francisca aprendió a convivir con sus “visitantes”, terribles demonios fueron dejando paso a las Benditas Almas del Purgatorio, y la primera que llego junto a su lecho, cuatro años después de haber tomado los hábitos definitivos, fue su padre Don Fernando: “…le dijo que padecía en el Purgatorio por cosas que no juzgaba desagradasen a Dios, tocantes a la administración de la hacienda de sus hijos; y que por lo que había obrado en beneficio de la Animas, recibiría mucha gloria; que ella prosiguiese en aquella devoción de la Animas”.

Sus superiores le impusieron como penitencia escribir todos los testimonios acerca de las Almas del Purgatorio, recopila todo por escrito, y el Obispo de Pamplona Don Juan de Palafox y Mendoza, las publica en 1661 bajo el título: “Luz para los vivos y escarmiento a los muertos”. Detalla apariciones, no cita el nombre de aquellos que llegaron a contactar con la monja, puesto que aún vivían los descendientes de alguno de los “visitantes”. Otra razón, es que tampoco se libraban del tormento del Purgatorio ni Papas, ni Obispos ni Prelados. “Por dejar acomodadas mis hijas padezco mucho. Pide a quien posee mi hacienda que me digan Misas. Estas voces dan desde el Purgatorio”.

Oración. Padre Eterno, que sepamos apreciar el Don en el cual Tú te nos entregas a diario en la Eucaristía, vayamos con regularidad al Sacramento de la Confesión, sin temor ni pena alguna al momento de detallar los pecados y faltas, pero también hagamos un propósito y fielmente lo cumplamos. Saber mortificarnos y tener desapego a todo lo que no sea Dios. Amén.


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