El samán, árbol emblemático

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ALIRIO ACOSTA.-

Quizás el samán (Samanea saman) sea el árbol más emblemático de Venezuela, fiel evidencia se refleja en el extinto “Samán de Güere”, ubicado en Turmero (Aragua), figura de legado histórico vegetal más antiguo que conocemos, puesto que sobre su entorno se tejieron historias aborígenes convertidas con el tiempo en leyendas, además de él se dice que el libertador Simón Bolívar pernoctó allí para descansar junto a sus tropas durante su campaña admirable.

Así como este samán, existen muchos en el país que, incluso, han dado nombre a comunidades o se han constituido en representativos por el legado patrimonial que giró a su alrededor. De tal manera, que en cada sitio o comunidad donde existe un samán emblemático se tejieron historias narradas a través del tiempo donde alaban su grandeza histórica y, además, su exuberante belleza.

Referente al “histórico samán”, ubicado en la escuela Antonio Ignacio Rodríguez Picón de Píritu (Portuguesa), al parecer tendrá un final inesperado, puesto que sin algún “estudio técnico” e iniciativa de algunas personas, por un percance esporádico ocurrido en días pasados, se pretende intervenirlo.

Tan igual como otros samanes históricos, este también es emblemático y patrimonial de los piriteños. En una oportunidad el cronista Humberto Gallegos Castillo escribió parte del legado histórico que giró en torno a él, refiriendo lo siguiente “…José de los Santos Alejos (periodista del diario Última Hora, en noviembre de 1986)  me pidió que escribiera acerca del Samán del “Rodríguez Picón”, y efectivamente eso haré. Pues bien, este añoso samán, que como todos los de su especie presenta en su follaje la característica forma de una sombrilla abierta (aunque con parte del varillaje roto), aparte de la importancia que tiene como árbol, también tiene su historia.

Está unido a hechos que conforman parte de la vida del pueblo y es difícil hablar de este árbol sin recordar a la honorable Doña Aracelis Zamora Campins de González, quien tenía su vivienda situada a pocos metros de donde terminaba la sombra que formaba el follaje de este árbol al punto del mediodía (exactamente donde hoy es auditorio del Grupo Escolar “Rodríguez Picón”). Los nietos de Doña Aracelis se reunían con sus numerosos amigos y debajo de este árbol formaban algo así como un “Parque de Recreación”, donde se practicaban todos los juegos infantiles de la época, entre los cuales se recuerda el juego de la pelota (la palabra Base-ball era casi desconocida), metras, trompos, casitas, muñecas, bandido, policía librado y otros. También debajo de este árbol se oficiaron varias misas de campaña, es oportuno recordar la que ofició el Padre Policarpo Macaya el Domingo de Ramos de 1957, en presencia de numerosa concurrencia.

Por otra parte, como quiera la mayoría de los caseríos de Píritu tenían su entrada al pueblo por la calle que pasa frente al Grupo Escolar “Rodríguez Picón” (entonces este plantel no existía), este samán era como el “terminal de pasajeros” de la gente que venía de estos campos quienes en este sitio se acicalaban para entrar al pueblo.

También de estos mismos campos, por carecer de cementerios, traían los muertos en hamacas, chinchorros o bien en parihuelas con el fin de darle sepultura en el cementerio del pueblo. Bajo este samán que a su vez servía de “Capilla Velatoria”, los depositaban mientras conseguían la urna en cualquier casa de comercio (entonces no existían aquí agencias funerarias). Luego de colocado el cadáver en la urna, el entierro continuaba pero debajo de este árbol quedaba la parihuela en que habían traído el cadáver. La tradición popular dice que en este sitio “espantan” y hay quienes aseguran haber oído ruidos, visto “luces” o “bultos” debajo de este samán”.

Necesario es recordar la existencia de otros árboles emblemáticos que finalizaron sus vidas a manos de las herramientas del ser humano: El mijao llamado “Palo Grande” en la escuela Nacional Píritu y el “Samán de Pancho Soto”. Al parecer pocas personas comprenden que los árboles son virtuosos en la naturaleza, que le dan vida al resto de los seres vivos, y que contribuyen en mucho para el bienestar; sin embargo, cada día son menos. Refiriéndose a la influencia de los árboles para la vida de los “seres vivos” el profesor Eliécer Sánchez Gamboa dijo una vez, entre otras cosas, lo siguiente: “Ojalá nadie me tale, ojalá nunca nadie me queme, pues con mi desgracia se estaría labrando también la desgracia y la desaparición de toda la humanidad…” alirioacosta22@hotmail.com

 


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