Razón y pasión

¡Comparte!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

ALBERTO DE LUCA BARTOLOMEO.-

¿Acaso tu razón y tu pasión entran a veces, o a menudo, en conflicto, dejando a tus intereses atrapados entre dos fuegos? ¿Es posible conseguir que estas dos fuerzas, la mente y el corazón, lleven una coexistencia más pacífica? Estas son las dos grandes preguntas de este artículo. Cada cual progresa o retrocede siguiendo su propio camino, y cada camino tiene sus propios recodos y curvas. Cada nube es única, igual que cada ola del mar.

Sin embargo, todas las nubes, igual que todas las olas, están gobernadas por las mismas leyes de la naturaleza. Los seres humanos tampoco escapan a esta lógica. Y una de las leyes de la naturaleza humana es que la pasión y la razón compiten sin tregua en el alma humana, tal como lo harían dos corredores disputándose el llegar primero.

Otra ley es que las cosas suelen ir mejor cuando la pasión alimenta el motor de un coche y la razón conduce el vehículo.  Una plétora de grandes pensadores ha tratado este conflicto. Los caminos que conducen al dominio de uno mismo se asemejan a los radios de una rueda: todos conducen, tarde o temprano, al centro. Algunos, no obstante, son más enrevesados y, por consiguiente, más difíciles de seguir que otros. Tal como lo escribió Laozi: Quien conquista a los demás es poderoso, quien se conquista a sí mismo es sabio.

 A pesar de tan abundantes y elevadas influencias procedentes de todos los rincones del globo y de todos los milenios, a las personas les cuesta trabajo dominar la pasión sirviéndose sólo de la razón. La pasión sale vencedera tan a menudo, que muchos creen que los seres humanos están “programados” para ser así. Hasta san Agustín llegó a rezar en sus “Confesiones”: “Señor, hazme casto, ¡pero todavía no! Así las cosas, ¿será que nacemos viciados, sea por el Génesis o la evolución? Y si es así, ¿será vano tratar de domar la pasión con la razón? Si no lo es, ¿cómo debemos actuar para conseguirlo? Y finalmente, ¿de verdad tenemos que hacerlo? Ahora bien, con un poco de guía y orientación, casi todo el mundo es capaz de transformar sus energías pasionales en el arte de vivir razonablemente. De modo que tu objetivo no debería ser erradicar tus pasiones, sino utilizar la razón para canalizarlas (desplazarlas y/o sublimarlas) hacia formas de expresión beneficiosas en lugar de perniciosas. En los tiempos modernos, Freud pintó un retrato particularmente desalentador de la lucha entre la pasión y la razón, introduciendo un tercer elemento en el conflicto: “el inconsciente”.

Si somos conscientes de un deseo determinado, podemos reclutar a la razón para hallar la mejor manera de satisfacerlo. En cambio, si no somos conscientes de él, no podemos razonar el camino hacia su óptima satisfacción, aunque quizá sigamos sintiéndonos empujados a “rascar donde más pica”, cueste lo cueste. Puede que acabemos esclavizados por nuestros deseos inconscientes insatisfechos o imposibles de satisfacer, y las pasiones que acechan en los más recónditos recovecos de la mente quizá desvíen la razón hacia caminos deformados, que se ponen de manifiesto en la vida cotidiana incluso si no somos conscientes de su origen último.

Así pues, mejor será que aprendamos a conocer nuestras propias pasiones, tanto conscientes como inconscientes, de modo que la razón nos pueda ayudar a manifestarlas constructivamente. No todo lo inconsciente es malo ni está consagrado a las pasiones. Somos incluso capaces de razonar inconscientemente, como cuando logramos resolver problemas mientras dormimos. Mientras seguimos esforzándonos, no obstante, es importante que recordemos que la razón también puede ser destructiva puesta al servicio de un odio fanático: Holocausto, Torres gemelas, por ejemplo. ¿Podemos equilibrar estas fuerzas para alcanzar lo mejor y evitar lo peor de la humanidad? No es tarea fácil, pero debemos intentarlo. delucabartolomeo@gmail.com


¡Comparte!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

También te podría gustar...