Sin celebración

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CARMEN PÉREZ MONTERO.-

El pasado 14 de mayo, día de las madres, pasó casi desapercibido para el pueblo venezolano. ¿Qué podrían celebrar esas madres que estaban, en ese día, velando a sus hijos o regresando de dejarlos sembrados para siempre bajo la tierra húmeda por tanta sangre y agua vertida desde el cielo; porque parece que la Naturaleza se ha empeñado en lavar con fuertes aguaceros, la sangre inocente derramada por nuestros jóvenes, para tratar de cerrar el paso a los recuerdos  que atormentan el corazón de esas madres enlutadas por la maldad de una dictadura oprobiosa que no se duele del dolor de nadie.

Todas las madres sentimos y lloramos la desaparición de esas promesas del futuro que le truncaron la vida unos aberrados e inhumanos garantes del orden público y de la seguridad ciudadana;  pero que hoy han cambiado  su papel de protectores del pueblo por el de ruines asesinos de un pueblo desarmado.

Como madres de estudiantes y madres del dolor del corazón de las víctimas que hoy lloran a sus hijos, no podemos más que pensar que estos asesinos no deben tener madre, ni abuela, ni hijas, para que aún en ese día, otrora lleno de alegría para todas las madres, no bajaran las armas y siguieran apuntando al corazón de los amados hijos de esos vientres lacerados por la angustia y la impotencia.

Esos miserables criminales cobardes que en 48 días de protestas pacíficas y sustentadas por la Constitución   más perfecta del mundo, han sacrificado a 47 jóvenes, no tienen perdón de Dios  y mañana, cuando este terror pase y Venezuela vuelva a ser modelo de paz y alegría, esos desalmados enloquecerán  porque llevarán en su consciencia la tortura de revivir a cada instante esos acontecimientos y ver el gesto en la cara de sus víctimas, cuando de aquellos ojos que pronto se cerrarían para siempre, se escapaba una última mirada de impaciencia y desprecio.

Esa mirada no podrán olvidarla, ni el dolor del corazón de esa madre herida de muerte sin arma y sin dardos; pero que sufre en carne propia la sanguinaria actuación de los guardias nacionales, los policías bolivarianos y los colectivos que aprovechando la luz verde que les dio el régimen, se dedican a masacrar al pueblo indefenso, sólo por el hecho de pensar diferente.

Maduro y sus secuaces deberían aceptar la realidad que no es otra que el repudio del 80% de la población venezolana y efectuar las elecciones libres y generales para que salga por la puerta de atrás del palacio de Miraflores; pero al menos con una gota de dignidad.

¿Qué podían celebrar las madres venezolanas?

¿Qué su hijo convertido en héroe no volverá a llegar silencioso a su casa para besarla y pedirle la bendición?

¿Qué su hijo cayó al suelo herido por el arma infernal de un incondicional alabardero de la dictadura, y que jamás volverá a sacar su morral de libros para ir a la Universidad?

Cómo duele que este día tan significativo para la unión familiar hayan estado las madres de este hermoso  país pisoteadas por las botas militares, transidas de hambre, con su salud colapsada por la falta de medicamentos y para colmo llorando a los muertos,  producto de la ignorancia de un demente que se cree Dios y por lo tanto piensa que  llegó a Miraflores sin ser electo, por el dedo del Comandante eterno,  no sólo para adueñarse del País, sino también de sus habitantes.

carpm44@gmail.com

 


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