Dictadura: entre escasez de gas doméstico y abundancia de “gas del bueno”

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Por: Yorman Tovar

Repetir esta frase ya manida es llover sobre mojado, pero molesta en los oídos de los déspotas y cínicos que ostentan el poder en medio de tanta ingobernabilidad: “cuando los venezolanos éramos felices y no lo sabíamos”. En los campos sólo se cocinaba en fogones de tres topias. Las cocineras preferían leña de basbasco, de carabalí o de guásimo, porque daban buena candela y brasa para las arepas. En cada casa de pueblo había un fogón que después quedó de reserva con la aparición de las cocinas “a kerosene” y luego las “a gas”. Éstas eran materia exclusiva para las ciudades; pero más tarde la democracia representativa, con la explotación y masificación de la industria gasífera facilitó el uso del gas, de manera generalizada, haciéndolo extensivo hasta los pueblos y zonas rurales retiradas. ¡Qué felices éramos! La señora de la casa, cuando se acababa el contenido de la bombona, levantaba el auricular y llamaba. Cuando le respondían, decía: ¡Aló!… soy Cándida de Berrenechea… sí, claro… la cliente 2009. Necesito una bombona. ¿Cómo dice, para mañana? ¡Está bien, gracias!

Pero llegó la revolución, y con ella la “revolución energética”. Chávez nacionalizó el gas y hasta prometió tuberías submarinas para regalarles gas a los países bolivarianos que carecían del servicio. El “socialismo” quitó la concesión a la empresa privada y mandó “a freír monos” a “VENGAS”, “DUMOGAS”, “DURAGAS”, “DIGAS” y cerraron todas las oficinas adonde todos solicitábamos el eficiente servicio. En Portuguesa teníamos (por Sipororo) una planta de llenado de gas, pero a la Familia Real de Barinas se le antojó llevársela para Sabaneta. Hubo líderes guanareños que lucharon y convocaron protestas sin ser escuchados, y la gobernadora, querida por Chávez “como si la hubiera parido”, se mostró complaciente y nos lo expropiaron.

Luego de recoger todas nuestras bombonas (propiedad privada) y pintarles el logo de PDVSA-GAS COMUNAL, enfranelar de rojo a camioneros y ayudantes, abrieron varios almacenes para distribuirlo por sectores, y demagógicamente les dieron nombres de caciques indígenas locales: “Indio Coromoto” en Guanare e “Indio Sulbarán” en Guanarito (sólo para citar dos ejemplos).

Pero llegó la escasez y el maldito flagelo del bachaqueo (el virus más corrosivo de la idiosincrasia del antiguo vivo criollo venezolano). Comenzamos haciendo la solicitud en el almacén: dábamos el nombre y la dirección y nos decían: “esté pendiente que cualquier día de la semana pasa el camión”. Ya uno no almorzaba en paz ni dormía la siesta, apenas oía un lejano ¡tam Tam! de bombonas en un camión y luego un ladrido colectivo de perros, molestos por el ruido. A veces pasábamos una semana sin el servicio y todavía era normal, hasta que comenzamos a ver en calles y avenidas colas interminables de ciudadanos con una bombona, plegariando una llena para satisfacer la necesidad. Infinidades de motociclistas con una bombona amarrada, o en  bicicletas de reparto. Hoy cada ciudadano es un Cristo por el Calvario de la miseria madurista y su cruz es una bombona vacía.

Frente de los almacenes de distribución se ve de todo: tipos que desde la madrugada hacen colas, bien para comprar su bombona o para vender el cupo a alguien que se lo encargó. El valor varía según la cercanía al posible despacho; y luego de llegar al anhelado lugar hay que pagarla con sobreprecio, aunque ya como que salieron en Gaceta Oficial, pues ruedan por las redes sociales los nuevos “precios justos” pero sumamente inflacionarios que, con una bombona pequeña una familia compromete la mitad del salario mínimo.

Triste  experiencia fue la del sábado 10 de junio próximo pasado en el sector La Colonia Parte Alta Guanare. Desde la madrugada la gente se arremolinó en el estadio de fútbol. Más de un millar de personas pasó todo el día con bombonas, pequeñas medianas y grandes, pero el camión –gracias a la gestión de un vocero del consejo comunal- apareció a las 11 pm y de ipso facto comenzó a llover. Hasta las 2 am estuvieron despachando hasta agotar la mercancía, lamentablemente,  la mayoría de los vecinos, trasnochados, agotados y enchumbados, se fueron sin gas.

Mientras el pueblo venezolano, en general, sufre la escasez del gas doméstico, Nicolás Maduro, Padrino, Reverol y toda la cáfila corrupta, ineficiente y represora de la revolución, sólo recuerdan y obedecen la orden del “comandante eterno”: ¡AL QUE PROTESTE, ÉCHENMELE GAS DEL BUENO! Y es así como se ha desatado la persecución, la represión y hasta crímenes con bombas lacrimógenas, contentivas de sustancias letales. El pueblo pide GAS DOMÉSTICO y Maduro le da GAS LACRIMÓGENO. Y todavía pide CONSTITUYENTE COMUNAL (gas leguleyo, nacido en el obeso mondongo de Herman Escarrá). Es probable que ese peo reviente el día 30 de julio y que ni el mismo entorno dictatorial aguante su pestilencia.

elmayortrovon@hotmail.com

jinetetovar@gmail.com


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