sin tetas no hay paraíso

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EDGAR RIVERO/

¿Quién no vio la famosa telenovela titulada “sin tetas no hay paraíso? Haciendo uso de la memoria nos trasladamos de inmediato a la famosa telenovela que trasmitió la cadena colombiana Caracol hace algunos años. La trama se centró un personaje llamado Catalina, una niña de pueblo con sueños de estrella, influenciada por la mayoría de sus compañeras con busto operado y voluptuoso, como “requisito” para tener éxito y prosperar económicamente gracias a los dineros que reciben de los narcotraficantes por sus favores sexuales.

Para ingresar en ese nuevo mundo de aparente felicidad, opulencia y prosperidad que viven sus amigas, Catalina no tiene otra alternativa que someterse a una cirugía estética, por lo que dedica toda su creatividad y esfuerzos en conseguir el dinero para mandarse a implantar silicona y así poder entrar a ese “paraíso”. Pero Catalina jamás tuvo en cuenta el alto costo de su ambición.

La analogía que tiene ese melodrama de origen colombiano, con la situación que vive Venezuela, si no fuera por lo doloroso que resulta, hasta sería chistoso. Pero en la actual la Venezuela el creciente deterioro del salario real de los venezolanos, debido al constante y progresivo alto el costo de la vida, ha colocado al grueso de la población en condiciones de pobreza crítica. El gasto en alimentos en que debe incurrir la población de menores recursos económicos se ha vuelto sin dudas materia de primordial atención. En pocas palabras, el dinero sólo alcanza para medio comer, debido a la destrucción de toda la economía. Esto hace que el fraude constituyente sea rechazado por la mayoría de la población, pues percibe que eso no llenará los anaqueles, ni detendrá la inflación.

Por consiguiente, más bien podría decirse que las Catalinas de ahora, simbolizadas en las heroicas mujeres venezolanas, ya no ahorran para colocarse silicón, ahorran para poder llenar el estómago de sus seres queridos; ahorran para poder, llenas de esperanza, poder acercarse a la bodega a comprar una “teta” de algo. Estiran de forma mágica el dinero para poder adquirir una porción de harina, arroz, pasta u otro alimento que ahora se encuentran detallados por paqueticos o “tetas”.  El “paraíso comunista” puso de moda las tetas pero de azúcar, arroz, leche en polvo, café, harina de trigo y paremos de contar.

Gracias al comunismo del siglo XXI, el ingreso familiar de la mayoría de los venezolanos resulta insuficiente para cubrir los gastos habituales en el hogar; pero  vuelvo y repito, el fraude constituyente que pretenden imponer Maduro y su combo, tampoco nos sacará a flote, porque no tiene como objetivo crear estrategias económicas dirigidas al mejoramiento  de las condiciones de abastecimiento de alimentos, mucho menos considerar el abaratamiento de los mismos. Esto, a mi modo de ver, debe ser objeto de atención, análisis y acción por parte de la dirigencia política y la ciudadanía en general.

Cada día, se hace más cuesta arriba poder llevar el sustento de comida a nuestros hogares. El detallismo predomina en la venta de nuestras comunidades, las tetas de alimentos es la modalidad de suministro más efectiva que pueda encontrarse en estos tiempos de la Venezuela vilipendiada, quebrada económicamente e ingobernable. Ahora en terapia intensiva con miras a convertirse en una Cuba II, si permitimos que esto continúe, como tampoco ganamos nada creyéndonos el cuento que los gringos nos van invadir y resolverán todo.

Las tetas de azúcar, leche en polvo, café, arroz, harina de trigo son el producto de la incapacidad de generar productividad, mientras que continúan robándose nuestras arcas y especulando en el mercado cambiario, recibiendo dólares baratos vendiéndolos por dólares caros, obteniendo mayores cantidades de bolívares, cometiendo fraude con las importaciones, amén de la fuga de capitales, todo esto constituye la respuesta del Estado, refugiándose en el cuento chino de la fulana “guerra económica”.

Es primordial contar, principalmente en la etapa de crecimiento y desarrollo, con una nutrición balanceada, aunque también durante toda la etapa educativa se realiza la mayor actividad intelectual (aprendizaje), y posteriormente el desempeño laboral, en las pocas oportunidades de empleo que quedan, se ve también comprometido; del mismo modo, la edad adulta y mayor requieren de nutrición especial y atención médica, muy precarias actualmente. Hoy la gran mayoría de los venezolanos hemos perdido peso de manera considerable e involuntariamente.

Finalmente, a las Catalinas de la Venezuela de hoy quiero enviarles un mensaje esperanzador: pronto veremos la luz, pronto estaremos rumbo a la reconstrucción de todo lo que ha desaparecido en este “Holocausto rojito” para que sólo sea cuestión de novela la frase “Sin tetas no hay paraíso”.

riveroeeea@gmail.com


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