Tamunangue facundero

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WILFREDO BOLÍVAR.-

Sobre el pequeño altar en el patio de su casa en Villa Araure, María Esperanza Pérez Rodríguez tiene entronizada una imagen de San Antonio de Padua. Es el segundo sábado de junio de 2017, cercana la fiesta del santo, predicador y teólogo de la Iglesia católica. Entre cohetes, los sones del tamunangue revientan a las diez de la mañana. Sacan al paduano de adentro de la casa y desmontan los retratos de sus abuelos Cristóbal Rodríguez y María Facunda Alvarado, fundadores de la fiesta, sembrada originariamente en el barrio La Quebradita de Araure.

Don Cristóbal Rodríguez nació en El Tocuyo el 4 de febrero de 1909 y fue ultimado en su bodega de Araure al amanecer del 6 de febrero de 1979. Doña Facunda vivió hasta el 8 de junio de 1993. Ese día, los tambores apagaron el tamunangue y agonizaron los sones de negros bajo el sombrío patio de mangos, a orillas de la “quebradita de agua dulce”. Doce años después, en junio del 2005, María Esperanza es la primera nieta en renovar la devocional y consanguínea fiesta en fervor de San Antonio. En el 2006 le siguió otra nieta, Tibisay Colmenares, por petición de Aída Rodríguez una de las hijas de Cristóbal y Facunda, reiniciando en la casa originaria el primer tamunangue araureño.

El tamunangue de María Esperanza, primogénita de Julia del Carmen Rodríguez, hija de Facunda y Cristóbal, mantiene el fervor sembrado por sus abuelos del barrio La Quebradita. Se inició como pago de promesa en petición de la salud de Yérica Hernández, niña de condición especial. Buscaron los cantores y se entronizó al santo, según práctica aprendida de los viejos fallecidos. María Esperanza se parece a su abuela María Facunda y trae en la grupa su cadencia para el baile, cuando traquetean los sones sobre el patio de tierra donde construyó un altar para el patrono.

El sábado más cercano al trece de junio, un fogón mondonguero anuncia la víspera de la fiesta. Llegado el día del tamunangue, los “Golperos de Portuguesa” fundados por Belén Alvarado en el caserío Moroturo de Ospino, capitaneados por Elpidio Rodríguez, llegan temprano y hacen la Salve Regina adentro de la sala. Concluidos los cantos iniciales, se saca el santo hacia la calle para conducirlo hacia el patio en una pequeña procesión. María Esperanza y Paucides Rodríguez, el hijo menor de Facunda, van al frente del cortejo ejecutando “La Batalla”, la primera danza del tamunangue, simulando un desafío con palos y garrotes a modo de violenta porfía que preside los sones a San Antonio.

Cuando llegan al altar, bajo un pequeño tinglado de zinc y palmas instalado en el patio, se da curso a los siete sones de la fiesta: Yiyivamos, Bella, Juruminga, Perrendenga, Poco a Poco, Galerón y el Seis Figuriao. Descalzas y ataviadas de faldas multicolores, María del Rosario, la menor de las hijas hembras de la recordada Facunda escolta la pequeña romería de muchachas hasta colocar al santo en la hornacina. El altar se purifica con sahumerio y se da inicio a la festiva danza. En el 2017, la promesa es bailarle al santo “veintiocho sones” del tamunangue, es decir cuatro veces la suite completa con los siete sones de negros.

Los retratos de Cristóbal y Facunda presiden el altar, junto a la foto de la niña que originó la casera promesa. Dos imágenes de bulto de San Antonio descansan a los pies de la efigie, flanqueada por tres estampitas de Antonio de Padua. Cinco rosarios cuelgan sobre el cuello del paduano. Escoltando un velón blanco sobre la mesa, yace un vaso de agua, una taza de café y una copita de cocuy de penca. “Este es del primer café que yo saco en la mañana —explica María Esperanza—, porque yo me lo bebía con mi hija todos los días a las cinco de la mañana. El cocuy y el agua son para los difuntos, que se fueron y me enseñaron esto”.

El último son del tamunague concluye a las cinco de la tarde. Cortejado por las manos devocionales de los Pérez Rodríguez, el santo se mete en la casa. María Esperanza y Paucides guían el corto trayecto bailando La Batalla. En la sala se canta la Salve Regina y concluye la fiesta entre sus olores de incienso. ¡Vivan como si fueran a morir mañana, pero estudien como si fuesen a vivir siempre!  cronistadearaure@gmail.com

 


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