Edgar Graterol Chinchilla: nuevo cabrestero de la glosa

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YORMAN TOVAR.-

Nacido en Guanare (1974), maestro integral de escuela primaria, en la especialidad de canto y música, poeta, cantautor, cohesionador de grupos para la ejecución artística, ganador de diversos festivales locales y nacionales, exquisito intérprete de música llanera, polifacético al fin, es garantía de un valor literario que, por tanto tiempo, se mantuvo en el anonimato escritural, aunque ya conocíamos, sí, su legado como experto en poesía musical hecha canción. Por estas razones me atrevo a bautizarlo como “El Nuevo Cabrestero de la glosa”, difícil estructura poética donde muchos sucumben y pocos como él salen airosos ¿por qué? Porque su materia prima es la décima o espinela, cuyo precursor fue el español Vicente Espinel, y de allí proviene la designación de “espinela”, por cierto, bien cultivada en Latinoamérica, y –por ende- en Venezuela- sobre todo entre los troveros de Margarita y gaiteros zulianos; y los poetas llaneros le hemos dado un típico realce.

Camilo Balza Donatti (el último clásico nativista viviente), en referencia a la glosa, opina acerca de la obra lírica “Espacio y Voz del Paisaje” de César Lizardo, que “la palabra poeta es el signo de su agonía existencial; una entrega de su breviario elaborado cada día con las voces del tiempo, de los espacios, generalmente inconclusos, y en la fugacidad y permanencia del color que construye el paisaje”. Este requisito, años después, lo cumplen las glosas de nuestro poeta, hoy, ya entrado el siglo XXI, tanto en su condición de poeta escritural como en la anterior como poeta de la oralidad.

Graterol Chinchilla, nuevo custodio de la vieja composición estrófica donde muchos encuentran su concha de mango, me da pie para decir que Portuguesa sigue siendo una cantera de glosadores, y quien lo dude, que revise la “Antología de la Glosa Portugueseña” (compilación, prólogo y estudio de este articulista), donde figuran –entre otros- Manuel Graterol Santander (nuestro más reconocido glosador), Luis Bazán García, Manuel Pérez Cruzzatti y Arjuna Castro Castillo. Para 1991 ya Graterol andaba festivaleando, aquilatando premios, ensayando lo que sería su futuro como poeta.

El poemario que este joven pretende publicar es una pequeña antología de palabreos donde demuestra el dominio pulcro de este arte, glosando coplas, redondillas, cuartetas, estrofas todas de cuatro versos octosilábicos, jugando con la difícil espinela, ubicando, en forma certera, cada uno de los cuatro versos de la estrofa que sirve de pie a la hora de estructurar el poema; y además, haciendo derroche, no solo de metáforas pletóricas de imágenes sensoriales, sino también de otros recursos estilísticos engorrosos para cualquier versificador, tal como el juego anafórico, empleando con soltura la (repetición de una palabra al comienzo de un conjunto de versos) haciendo que la anáfora luzca armónica, mas no aburrida: “Quiero destilar tus besos,/ quiero descifrar enigmas,/ quiero romper paradigmas,/ quiero inspirar embelesos,/ quiero ver mis labios presos,/ quiero ser agua en tu vaso,/ quiero ser alba y ocaso,/ quiero ser pasión errante,/ quiero ser un navegante,/ quiero andarte paso a paso.”

Es el producto del estudio previo que hace el poeta sustentado en otros autores del mismo estilo, pues está demostrado que el verdadero poeta afina su destreza parafraseando o intertextualizando con otros autores que le antecedieron en el oficio, y Edgar Graterol Chinchilla no puede ser la excepción. Ojalá encuentre la mano amiga de un mecenas, o “El perro y la rana” (editorial del Estado) pueda publicárselo, aunque en estas imprentas estatales el autor recibe, más o menos, el 1% de la edición. Lo digo porque de mi libro “Alfarero del quebranto”, de un tiraje de 3.000 ejemplares, recibí 25 nada más. Los que conservo me los compró el laureado poeta cojedeño Isaías Medina López en una Feria del Libro.

En este tipo de trovas, como afirma Efraín Subero: “los trovadores están a la caza de cuartetas que, al juzgarlas dignas de glosar, se pasan de mano en mano en una especie de espontáneo trueque. Nacen así las variantes que inician su camino interminable hacia los ámbitos de la voz popular”. De manera que la misma voz lírica de César Lizardo, Arjuna Castro Castillo, Graterol Santander, urdiendo metáforas en torno al paisaje, es la voz de Graterol Chinchilla, tal como describe José Joaquín Burgos a José La Riva Contreras: “nativista. Amarrado a la inmensidad cósmica del llano por vocación telúrica, inmerso en su música y en su poesía”. Tal cual nuestro nuevo juglar crea sus paradigmas poéticos, amparado en las enseñanzas que absorbió en el dilatado horizonte del llano portugueseño, siguiendo la tendencia nativista, ya recorrida por muchos llaneros, pues es la única corriente nacida en el llano venezolano, creada por el guariqueño autor de la “Silva Criolla” Lazo Martí. Este significativo aporte redunda, positivamente, en preservar y reconstruir  la verdadera Literatura Nacional. ¡Éxitos en el arduo camino que has seleccionado, poeta! elmayortrovon@hotmail.com, jinetetovar@gmail.com


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