el nuevo mar de la felicidad

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YORMAN TOVAR/

El mitin del candidato en Acarigua fue –prácticamente- portátil: dejaron sin transporte al pueblo de Portuguesa, estorbaban los buses en todas las calles. Ese sábado arrearon a cuanta persona hubiere recibido algún mendrugo clientelar. Petra Restituta Piñango fue una de esas ovejas encarriladas hacia el mitin.  Se molestó cuando la repugnante gorda, embutida en un franelón rojo, pasando asistencia, dijo en alta voz y con mala intención: Piñango, Petra Restituta, y todos los “camaradas” sonrieron con malicia al oír tan horrible nombre. Tal vez pudo llamarse Lisbeth o Yoneika, pero nació en el caserío Macho Renco el día de San Restituto de 1992, y su madre Petra Piñango, no aprendió a leer, y menos a combinar nombres para una chica del siglo XXI. Por eso la comadrona Emeteria, luego de atender el parto, le dijo: -Comadre Petra, se llamará Escolástica o Restituta, son los santos que aparecen hoy en el almanaque. Su regalo de 15 años fue el parto morocho de dos carajitos que, por safrica, le dejó un camionero apodado “El veinte gevas” comprador de plátanos y topochos en esa zona rural. A partir de allí comenzó su vía crucis. Empezó a trabajar de doméstica para reunir y comprar dobles tandas de pañales, de leche, tachipirin y todo lo que en 2007,  aún se podía conseguir.

A los 18 años la endulzó Nicacio Pernía, un guate de Seboruco quien –igual que “El veinte gevas”- la preñó y la dejó. Esta vez parió una niña. Así, sucesivamente se hizo de siete hijos de seis padres irresponsables. Hoy, a los 25 representa 40. Pertenece a una Misión electorera  llamada “Madres del Barrio”, dizque para “apoyar a mujeres en pobreza extrema”, pero hace  cinco años le han “sacado la chicha”, a cambio de miserias salariales que no le alcanzan ni para la bolsa del CLAP.

Su rutina es un calvario. Cuando no madruga para el CDI porque tiene un muchacho enfermo, es para comprar jabón y harina en el San Nicolás. A veces sale para Guanare con su mamá a cobrar la pensión de la vieja, pero gastan más en pasaje que lo que el banco les paga, por carencia de dinero efectivo. Los muchachos no han ido a clases porque no tienen uniformes ni útiles escolares, mientras los morochos -para rendir la comida- pescan “chupa piedras” en una cañada. Los únicos ingresos de la casa son la pensión de su mamá y lo que ella recibe (cuando suelen pagarle en la Misión “Madres del Barrio”). Lo más triste es cuando llega a casa por la noche a sortear qué le va a dar de comer a su prole para que no se acuesten “con una cruz en la boca”. Desea bañarse en la ducha, pero no hay agua, y de ñapa, no puede ver la telenovela de las 9, porque cuando no es un apagón, es una cadena presidencial, y ella, a pesar de que la obligan a usar franela roja e ir a los actos del PSUV, no se cala las peroratas demagógicas de Maduro.

Ahora vienen de regreso del mitin de Acarigua. Luce cansada del bravo  sol bravo y de lloviznarse a cada rato. El rugir de tripas le avisa que ya cesó la acción amortiguadora del sándwich y el vaso de “Big-cola”. Siente el estómago pegado del espinazo. Dos “camaradas” borrachos, intercambian gangueos y una botella de “Ventarrón” en el asiento de atrás, diciendo que el mitin fue un éxito y la gorda del franelón que pasa la asistencia, entre flatulencias, ronca “como una marrana jarta e suero” en el asiento de al lado. Todos vienen extenuados, sudorosos y hambrientos. Un vallenato estremece los tímpanos: ¡Los caminos de la vida/ no son como yo pensaba/ como los imaginaba!

Ansía llegar a casa para descansar, pero presiente que la espera la misma rutina de todos los días. Al entrar a casa su madre sale con la misma cantaleta de todos los días: que busca para dónde irte con tus muchachos porque ya no aguanto esta situación. Que para mañana no amanece ni café. Que si a Rosita no se le baja la fiebre y Jean Carlo tiene diarrea; y de pasa palo avisaron de la Gran Misión Vivienda, una vez que debe seguir esperando la casa prometida hace diez años.

A Restituta esa mañana le llegó telegrama: Nicolás Maduro, en persona, la mandó a llamar para entregarle, por fin, la llave de una casa propia, bien equipada. Ese día fue de fiesta. La mesa del comedor exhibía dos cajas del CLAP con las caras del Comandante Eterno y del Comandante heredero. A cada uno de los muchachos le vinieron sus respectivos bultos escolares; a su madre le dieron dos tarjetas de crédito del gobierno y a ella, por fin, le consiguieron el cargo de bedel en la escuelita de Macho Renco. Esa tarde cenaron con atún mechado, arepas de harina mejicana y una especie de leche clarita.

De repente soltó un sonoro grito que estremeció la humilde casita y despertó a todos. La madre vino en su auxilio, a ver si era que Restituta se estaba volviendo loca. En efecto, estaba enloqueciendo de hambre, pues se acostó sin cena al llegar del mitin. Esa madrugada lloró su desgracia de ser venezolana y pobre, pero se prometió a si misma que el sábado 14 de octubre, aunque fuera a pie se iba con sus muchachos para otro lado, y regresaría el lunes 16, pues el domingo 15, ni borracha de m….a saldría para la mesa electoral para que la ridícula gordiflona del franelón rojo la hiciera votar por los mismos malucos de siempre. ¡Ni de vaina! –se dijo- “Me llamaré Restituta, pero si no me restituyen esta hambruna, no vuelvo a votar por tanta sinvergüenzura, ni que Chávez resucite”.

elmayortrovon@hotmail.com

jinetetovar@gmail.com


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