Cómo ser el mejor amigo de ti mismo

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ALBERTO DE LUCA BARTOLOMEO.-

Las circunstancias de nuestra existencia son fuerzas de apoyo en el camino hacia nuestro destino, ya que cada una  están conectadas con un descubrimiento: sin soledad, nunca habría encontrado el vasto mundo interior de sabiduría y poder de sanación que hay dentro de mí. Si lo que veo y deseo no fuera transitorio, nunca habría mirado más allá o a través de las personas y las cosas que me rodean, para entrar en contacto con lo trascendente. Si todo fuera predecible, mis ojos nunca se  habrían abierto con sorpresa por lo inesperado, por los descubrimientos fortuitos.

El elemento “sorpresa” es el espíritu dionisíaco, que nos proporciona el acceso a una energía vital que trasciende las promesas estrechas de la lógica formal. Sin sufrimiento, nunca habría encontrado mis recursos internos, nunca habría sentido la pena que me da profundidad y carácter, nunca habría abierto mi corazón a la compasión. Si las cosas fueran siempre justas, no tendría motivación para reconocer y manejar la “sombra”, lo inconsciente dinámico, que hay en mí y en los demás de forma creativa. Así es como las cosas inevitables, los aspectos determinantes de la vida, pueden ser ingredientes de la plenitud y regalos de la Gracia, de la Divina Providencia.

Así, tenemos respuestas en nosotros que pueden encajar con las  cosas con las que nos enfrentamos. Tenemos lágrimas para procesar nuestras penas  y sonrisas para expresar nuestra alegría. Tenemos fuentes internas y recursos externos de nutrición para manejar la soledad, capacidades para la aceptación y para el cambio, y cuerpos capaces de manejar los diferentes estados de ánimo, en nosotros y en los demás.

Tenemos recursos para apartarnos cuando no podemos manejar las circunstancias y las crisis, e incluso  podemos hacernos pedazos y reconstruirnos algún día. Aceptar que nada es permanente, así que la acumulación es inútil, y al mismo tiempo mantener nuestro compromiso con el trabajo hacia metas de salud y bienestar: soporto y supero sin intentar resolver. Estoy indefenso ante las sorpresas de la vida y soy simultáneamente recursivo frente a ellas.

Debemos respetarnos a nosotros mismos y cuidar de nosotros mismos. Se requiere ser realista. A menudo la gente quiere ser “perfecta” y, cuando no lo es, se siente frustrada y con culpa. Es preciso cambiar de actitud. El ser humano no puede ser perfecto. Juzgarse así mismo mediante reglas sobrehumanas es una de las peores maneras de maltratarse, y una buena excusa para abandonar la lucha. Tenemos que aprender a aceptarnos y querernos tal como somos, y partir de esta autoaceptación. Debemos aceptar nuestra confusión y errores. Debemos analizar las reacciones de culpa y miedo que suben a nuestra conciencia con el fin de determinar de dónde proviene realmente el mensaje contaminado y contaminante, para desecharlo y eliminarlo de nuestro sistema.

Todavía debemos aprender a hablar con nosotros mismos. Eso es muy importante. Necesitamos explicarnos las cosas, darnos seguridad. Es preciso establecer un diálogo progresivo. Ello puede ayudarnos a superar las situaciones más difíciles. Si estamos atentos, podemos considerar qué es lo que realmente anhelamos hacer. Tenemos ese poder; es bueno saberlo.

Como psicólogo estoy convencido de que al conocer las dinámicas inconscientes dentro de nosotros, podremos comprender mejor lo que nos pasa y por qué nos pasa, y ser más compasivos los unos con los otros; empezando por uno mismo.

delucabartolomeo@gmail.com


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