Del voto autocastigo y otras misceláneas electorales

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YORMAN TOVAR.-

Dijo Otrova Gomas (alias “Jaime Ballestas”): que el papel es “víctima de las necedades del pensamiento”. Es posible   que sean estas otras necedades de mi atormentado pensamiento, pero debo drenar la frustración que –como a la mayoría de venezolanos pensantes- me acosa. El 16 de octubre, al amanecer, me llegó este mensaje de texto: “A veces pienso que María Corina tenía razón. De qué valió entregar tantas vidas en la calle, para seguirle el juego al gobierno. Ahora somos la burla de los países que nos apoyaban para salir de esta dictadura”. El emisor del mensaje es el silencioso pero incansable luchador joven turenense Oscar Escobar, profesional desempleado y ahora más desesperanzado que antes, como están en Venezuela los jóvenes pensantes que no pueden emigrar de este campo de concentración mal llamado PATRIA. Al instante le respondí: “No dejas de tener razón. Somos un pueblo de esclavos enamorados de sus propias cadenas”.

Lo ocurrido el 15 de octubre es –con el permiso de García Márquez- la “Crónica de una muerte anunciada”, sí, la muerte del último vestigio de democracia que nos quedaba: el voto. Es cierto: María Corina Machado, Antonio Ledezma y otros más lo habían advertido, pero no ir a esas elecciones era repetir el triste  error de 2005, del cual nos arrepentimos, porque nos montaron la pata en la nuca y nos convencimos que: “la peor diligencia es la que no se hace”. Hoy, de nuevo estamos defraudados y frustrados, pero demostramos al mundo que somos un país con ansias de libertad, y que luchamos contra la peor cáfila de déspotas que haya tenido la historia política venezolana. La diligencia que hicimos fue la peor, pero la hicimos con conciencia venezolanista. Ya al atardecer se sospechaba que habíamos concurrido una vez más a la degollina de un mega fraude, preparada por la matarife Tibisay Lucena y sus pérfidas ayudantes.

Ese mega-fraude comenzó con la amenaza del chapucero  Diosdado Cabello con lo de la “carta de buena conducta” para los candidatos demócratas, expedida por la espuria Asamblea Constituyente, intimidando con el cuento  de inhabilitación arbitraria de candidatos, y de hecho, apareció en TV un  pajizo guajiro amenazando a Guanipa en Zulia. Esto obligó a los factores de la alianza a inscribir varios candidatos, los cuales –como manda la ley- debían ser sustituidos al final por la figura del candidato único que el cuarteto maléfico del CNE pudiese dejar vivo. Las sustituciones no se dieron, y esto confundió a muchos electores militantes, fieles a sus tarjetas tradicionales, anulándose así un caudal de sufragios. No obstante de todas las amenazas y la parcialidad del CNE, se presentaron otras fullerías como traslados inconsultos de votantes a escasas 48 horas del proceso a otros centros electorales lejanos y el cambio de miles de electores  del PSUV para engrosar la votación en estados como Miranda, Aragua y Carabobo. Para desgracia de la oposición, a esto se le suma el surgimiento de aspirantes extra MUD, unos con ansias de protagonismo y otros con arteras intenciones de dividir.

En Portuguesa, el candidato inscrito por el MAS (partido gobiernero de Felipe Mujica) que ha adversado a la alianza democrática en Portuguesa en los dos procesos anteriores a éste, con el mismo candidato), pretendió que la MUD  aceptara su precandidatura. Como esto no ocurrió, mantuvo su aspiración, obteniendo el reducido caudal de 1.009 votos. Días después, cínicamente declara Pedro Pérez  (del COPEI que no validó): “Las lamentaciones no resuelven nada, la culpa es de todos, pues no nos unimos”, pero todo el mundo sabe que una cofradía de fariseos, de la cual él forma parte, hizo campaña en contra de María Beatriz Martínez.

De manera que en nuestro estado, más que el descarado ventajismo del gobierno, funcionó el VOTO AUTOCASTIGO, y el triste papel se notó más  en “lo que queda de Guanarito” (tienes razón, Grossman Parra),  pueblo asediado por la insalubridad, la inseguridad, el hambre, la corrupción roja-rojita, el verdugo fenómeno del bachaqueo; y un reyezuelo cuya celebridad consiste en ser –presuntamente- el dueño de la comida de los CLAP (distribuyendo y suprimiendo alimentos como le da la gana), y presumiblemente interventor del efectivo circulante en el municipio. Ese pobre pueblo mío volvió a ser escenario protagónico de la victoria aplastante del PSUV. En los centros electorales se vio al entorno del gobierno municipal canjeando votos por comestibles, jugando con el hambre del pueblo. Un voto equivalía a un kilo de pasta y una sardina enlatada.

En Portuguesa se perdió hasta el pudor religioso. Mientras el arzobispado académico de la Iglesia Católica hacía el llamado de conciencia a la gente para liberar a Venezuela, sectas protestantes prestaron sus emisoras ese día para hacer proselitismo en favor de la dictadura.  Vimos cómo,  bajo los cayados pastorales de la hipocresía, las ovejas acudieron al matadero… fue el renacimiento de Judas por 30 denarios.  Por lo menos quienes hicieron la tarea y quienes votamos por María Beatriz Martínez tenemos la conciencia tranquila porque acudimos al intento de salvar a Portuguesa y a Venezuela. elmayortrovon@hotmail.com, jinetetovar@gmail.com


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