FMI recomienda mejorar acceso a la educación para reducir la desigualdad

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WashingtonEstados Unidos.-

Reducir las disparidades en la enseñanza es crucial para reabsorber la desigualdad de ingresos, estimó el miércoles el Fondo Monetario Internacional (FMI), que recomienda aumentar el gasto público destinado a las instituciones para niños socialmente desfavorecidos.

“La educación explica en gran parte las desigualdades”, resume Abdelhak Senhadji, director adjunto del FMI. “Mejorar el acceso a la enseñanza es la solución última para acabar con la desigualdad”, estimó en una entrevista con la AFP.

La educación es fundamental en dos sentidos, explica, porque “permite adaptarse a la evolución tecnológica muy rápido, que es el motor del crecimiento”, y porque es “una escapatoria a la pobreza ya que permite elevarse en el seno de la sociedad y trascender las condiciones de origen social”.

“Capitalizar la dimensión humana es, sin duda, la mejor garantía contra la inseguridad laboral asociada a la rápida evolución tecnológica”, opinó por su parte Vitor Gaspar, director del departamento de asuntos presupuestarios, en una rueda de prensa.

El FMI constata que ciertas desigualdades son inevitables en el sistema basado en la economía de mercado pero le preocupa que una “excesiva desigualdad pueda comprometer la cohesión social, conduciendo al debilitamiento del crecimiento económico”, según un informe publicado en el marco de sus reuniones de otoño boreal.

El organismo observa que las desigualdades mundiales se redujeron en las últimas décadas, reflejando un sólido crecimiento de los ingresos en algunos grandes países emergentes como China e India, pero que varían según los países, habiéndose incrementado en la mayoría de los países desarrollados, mientras las tendencias son más heterogéneas en el resto.

Durante las últimas tres décadas, la desigualdad de ingresos aumentó en el 53% de los países.

Para reducir esas diferencias, el FMI subraya la importancia de la escolarización pero reconoce que las brechas de escolarización persisten “pese a los avances logrados en las últimas décadas”.

Además, la diferencia de educación entre niñas y niños es todavía más patente en los países pobres, aunque se haya eliminado en gran parte en los otros países.

Frustración

La situación socio-económica es todavía un factor determinante para acceder a la educación, en particular en los países en vías de desarrollo.

El acceso sigue siendo problemático en África sub-sahariana, Medio Oriente, norte de África y en menor medida en los países en vías de desarrollo de Asia, América Latina y el Caribe, destaca el Fondo.

Y cuando los hijos de familias socialmente desfavorecidas acceden a la educación, reciben una enseñanza de menor calidad, en instituciones menos dotadas de recursos, materiales pedagógicos y educadores.

El Banco Mundial deploró recientemente las disfunciones escolares y la incompetencia de los docentes, que se traduce en millones de niños en todo el mundo incapaces de leer, escribir y contar, a pesar de haber pasado varios años en la escuela.

Y sin embargo, enfrentar la reducción de las desigualdades en la educación es posible sin afectar los presupuestos estatales, redistribuyendo por ejemplo los gastos públicos en favor de los niños socialmente desfavorecidos y de las instituciones escolares de menos recursos.

“Los gastos consagrados a la educación representan más de 5% del PIB de los países desarrollados y cerca de 4% del PIB de los países en vías de desarrollo”, indica Abdelhak Senhadji, señalando que el FMI no prevé un incremento de los gastos en un momento en el que los países enfrentan el problema de la deuda (más del 110% del PIB en los países industrializados).

“Teniendo por objetivo un crecimiento que beneficie al máximo de personas, recomendamos una mejor distribución de los gastos apuntando a los niños de los medios sociales menos favorecidos”, dijo.

Los estados no solo tienen que evaluar la pertinencia de los gastos en materia de educación, sino pensar en la educación teniendo por objetivo la igualdad, aclaró.

“Crea cierta frustración haber estudiado durante años para acabar quedando excluido del mercado de trabajo. Cuando conocemos la magnitud del desempleo entre los jóvenes, vemos la urgencia de plantearse el tipo de enseñanza”, concluyó.


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