estados unidos, donde la vida no vale nada

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NARCISO TORREALBA/

“Los crímenes son producidos

por la falta de cultura, por la mala

educación y por viciosa organización del estado”

Platón

En una cola para pagar el recibo de la electricidad, un señor leyó en voz alta una noticia aterradora sobre la masacre en una iglesia de los Estados Unidos. Al momento, se escucharon los comentarios de algunas personas asombradas. Todos coincidieron en la gravedad del problema, callando un instante, como si habían entrado a una ceremonia religiosa. Al pasar unos segundos, una señora rompió el silencio para expresar con voz fuerte, el rostro serio, y con cierta ambigüedad: ¿Esa no es la maravilla, para dónde muchos venezolanos se quieren ir? En tres oportunidades repitió las mismas palabras, sin conseguir respuesta. Un profesor, muy comedido, dejó escuchar su opinión: “Lo triste, es que cada momento se producen estos hechos; hace apenas un mes, y unos días, ocurrió uno, más grave aún, y no se le ve la solución al problema”.

Para nadie es un secreto, la manera como algunas personas motivadas por la atrayente y envolvente propaganda de los grandes medios de comunicación, se enloquecen por irse hacia la tierra del “Tío Sam” en busca del sueño americano y los tan codiciados “verdolagas”, para despertar en medio de una sociedad anarquizada y convulsionada, donde cada paso representa un peligro al producirse estos hechos conmovedores con cifras alarmantes de muertos y heridos, sin poder detenerlos.

Las respuestas de los últimos tres presidentes estadounidenses es el silencio, y cuando dan la cara, como el caso de Donald Trump, terminan presentando cualquier excusa, sin profundizar en el problema: ¡No podemos culpabilizar a las armas!  Totalmente de acuerdo, porque todo lleva la buena o mala intención del ser humano, y el dinero forma parte del aberrante andamiaje del aparato de los Estados Unidos, donde la gran industria bélica produce altísimos dividendos a los grandes monopolios, mientras tanto en la sociedad estadounidense cada día cunde el pánico y la preocupación, porque las armas se siguen vendiendo, como juguetes en épocas de Navidad.

Esa gran industria bélica forma parte –desde hace muchos años– de la transformación del gran capital, en su fase superior: el imperialismo. Es el tiempo de los grandes monopolios, ahogando con sus propios problemas, y contradicciones a los Estados Unidos. La explicación hecha por Vladímir Ilich (Lenin) en 1916 en su libro “El imperialismo, fase superior del capitalismo” nos orienta, como en los actuales momentos,  que los monopolios son los causantes de los grandes conflictos económicos, dejando secuelas muy difíciles de borrar, entre ellas, las ventas de armas sin ningún control. Por eso no es extraño ver a cualquier mandatario sin distingo de credo, color, posición económica, o militancia política, enredado en un mar de contradicciones, y al presentarse casos, como los sucedidos recientemente, no encuentran argumentos para dirigirse a la opinión pública; lo único que hacen es acudir a una misa en honor a las víctimas, sin poder esconder la incomodidad reflejada en el rostro, al final son los culpables de la cantidad de muertos, a lo largo y ancho de ese país.

Pero no solamente adentro se sienten los pasos de la muerte, enlutando a millares de hogares. Desde el mismo momento de brotar el imperialismo, como un monstruo hambriento, está esparciendo en miles de hectáreas fértiles, víctimas de las tierras invadidas, recogiendo a su vez muertos de su propio ejército, sin importarles absolutamente nada. Ahora, en una etapa tan conflictiva de la humanidad, a cada momento aparece un enfermo mental–en la mayoría de los casos han formado parte del ejército– desatando toda su frustración en grupos de personas inocentes, quienes viven en el vientre de una bestia salvaje, donde se generan todos los males de una sociedad en descomposición.

Nada sorprende, ni siquiera la indiferencia de los gobernantes al no escuchar el clamor de millares de personas angustiadas, pidiendo restricción en la venta de armas, para tratar de frenar estos hechos tan lamentables. Es cierto que no podemos culpar a las armas, pero los que tienen la decisión en sus manos nada hacen, por una razón fundamental: el imperialismo impone su ley al lado de los grandes monopolios; mientras tanto, se siguen produciendo estos hechos tan bochornosos en un país presentado como un modelo de vida, pero paradójicamente la vida no vale, porque la muerte sigue rondando en cada rincón.

Narciso_t_29@hotmail.com


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