la casona de los triviño

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CARMEN PÉREZ MONTERO/

La semana pasada estuve de visita en el pintoresco pueblo de Santo Domingo, estado Mérida, capital del municipio Cardenal Quintero, lugar acogedor, rodeado de montañas que junto a la Sierra Nevada conforman un maravilloso valle glaciar. Este bello paraíso aún no tiene definida la fecha de su fundación ni quienes fueron sus fundadores.

Los artesanos, hoy escasos, muestran a los turistas el producto de su creatividad, y los labriegos, con sus mejillas rosadas por los efectos del frío, laboran sin descanso en aquellas elevadas cumbres para producir el sustento de su familia y vender algún excedente para ganarse unos centavitos y así poder adquirir el resto de alimentos de la cesta básica que ellos no pueden cultivar en la generosa tierra andina.

Como siempre estoy atenta  a los testimonios que las comunidades aportan con respecto a nuestra historia y a nuestro folclor, fui a almorzar a un restaurante que funciona en una vieja casona familiar, ubicada en la calle San Jerónimo o calle Principal (Vía Mérida), diagonal al local que ocupa el Cuerpo de Bomberos.

Me llamó la atención la estructura colonial de esa vivienda, su piso de ladrillos gastados por el tiempo, sus gruesas paredes de adobes y además el ático, que los Triviño llaman “troja”, y según cuenta la historia esa casa tiene más de trescientos (300) años de construida y se desconoce en qué tiempo pasó a manos de la familia Triviño; pero se sabe que esta familia oriunda de las Islas Canarias la obtuvo a través del bisabuelo, luego pasó a ser propiedad del abuelo Carmelo Triviño, a la muerte de éste pasó, por herencia a su hijo Víctor Triviño, padre de la señora Carolina Triviño, actual propietaria, experta cocinera que prepara exquisitos platillos, con ese sabor característico que ponen las mujeres andinas en sus recetas de cocina, además del amor  con que prepara estos alimentos y la amabilidad y atención que dispensa a su clientela.

Carolina cuida con esmero esta vieja casona que es para Santo Domingo un valioso tesoro porque, según la Historia, hoy hecha leyenda, en el ático de esa casa colonial durmió Simón Bolívar, El Libertador,  con su séquito de distinguidos generales en su accidentada cabalgata hacia los lares andinos, en su siempre recordado Paso de los Andes, cuando salió de Mantecal, estado Apure, y en una travesía que duró 70 días, remontó la cordillera andina para ir a emprender la Batalla de Boyacá, que culminó con la Independencia de Colombia. También se dice que sobre un techo bajo que conforma un corredor hacia el patio trasero de la casona,  colocaron las armas, para asegurarlas mientras los ilustres viajeros descansaban.

Se debe recordar que los habitantes de los Andes siempre fueron muy generosos con El Libertador, en la Hacienda Moconoque, ubicada cerca de Mucuchies,  Don Vicente Pino, su propietario, le regaló un perro llamado Nevado y que también le llamaban Simoncito, el cual acompañó a El Libertador en casi todas las batallas y travesías. Para cuidarlo, ya que sus ocupaciones no se lo permitían,  sacó de la tropa del General Campo Elías al indio Tinjacá, quien había trabajado en la Hacienda Moconoque y conocía a Nevado. Al indio Tinjacá,  los Oficiales del Estado Mayor, por hazmerreir, lo bautizaron como “El Edecán del perro” y así nació el lazo indestructible entre El Libertador, el indio y el perro.  Este perro mucuchies murió lanceado  en la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821, conjuntamente con el indio Tinjacá, su fiel protector.

Así mismo, en este lugar se respira aroma del pasado, sombras que cruzan, aves que cantan, interrumpiendo el silencio de las montañas para dar los buenos días a propios y extraños y un riachuelo cantarino y muy cristalino que baja del mismo cielo trayendo olor a jazmín y a frailejón bajo un manto grisáceo, donde una llovizna pertinaz no moja; pero empapa el alma de todos los visitantes que llegan a esta  pintoresca tierra en busca del descanso necesario.

Así es Santo Domingo, bajo el sentir de un maravilloso rincón que representa la Casona de los Triviño.

carpm44@gmail.com


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