Mano “Saba” Martínez

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ALIRIO ACOSTA.-

Nace el 5 de diciembre de 1935 en el desaparecido caserío La Iguanita del entonces distrito Esteller. Hijo de Ángel Ramón Guillén Montoya y Paula Martínez; son sus hermanos Mercedes Martínez, Madeira, Ángel Ramón, Dulce y Johnson, entre otros.

Su crianza y formación la obtiene en el establecimiento comercial de bebidas alcohólicas ubicado en la carrera 9 con calle 8, propiedad de su padre. Estudió hasta sexto grado en la Escuela Rural Píritu, donde sus ratos recreativos los cobijó debajo del frondoso e inmenso mijao que le dio nombre a la barriada.

Aprendió de sus ancestros la labor comercial, de ahí que por mucho tiempo se dedica a esta actividad beneficiándose de una bodega que estableció en la carrera 8 y que le dio por nombre “La Chipola”, la cual surtía con mercancía proveniente del mercado El Manteco de Barquisimeto y, posteriormente, de MERCABAR. Cabe resaltar que su residencia familiar estaba ubicada en el sector Palo Grande.

Desde joven sintió afición por el juego de pelota y posteriormente el softbol. En los primeros tiempos integró la plantilla de un equipo de beisbol local llamado “Los Azules”. Asimismo fue apasionado al juego de dominó, por lo que formó “peñas de jugadores”, cabe comentar que curiosamente en las paredes cercanas al sitio donde se realizaban las “partidas de dominó” los jugadores acostumbraron a escribir los nombres de las personas que recibían “zapatero”; es decir, aquellas que en cada partida no conseguían puntuación.

“Mano Saba”, como se conoció, nunca dejó de hacer oficios aun con la edad avanzada y, de vez en cuando, se toma sus “traguitos” sin excederse. Anteriormente conformaba un equipo de jugadores de pelota los fines de semana y los llevaba para las zonas rurales con el fin de distraerse de los agites semanales. Curiosamente cuando se trasladaba a esas zonas con su vehículo cargado de jugadores, en reiteradas oportunidades la gente que lo veía exclamaba: “¡Mano Saba! Lleve a trabajar a esa partía de flojos que carga en ese carro”.

Una de esas anécdotas ocurrió en la oportunidad que se trasladó, a lo que frecuentemente hacía los fines de semana, y fue al caserío Paujicito jurisdicción de Esteller; en esa ocasión actuaron en un espacio abierto donde curiosamente distaba una siembra de ajonjolí y a Mano Saba le correspondió lanzar; uno de sus jugadores estrenaba un uniforme color blanco y le tocó jugar en el jardín izquierdo, precisamente donde había parte de la siembra de ajonjolí, corriendo con la desagradable suerte que a cada instante la mayoría de los jugadores del equipo contrario bateaban por esa zona y éste incansablemente atrapaba y corría buscando pelotas, pero impregnándose el uniforme con la blanda tierra del terreno; ya en el quinto episodio el mencionado jardinero le pronuncia al lanzador: “Mano Saba, yo vine a jugar pelota y no a cortar ajonjolí…” Historias que quedan para la posteridad. Mano Saba fallece en la madrugada del 9 de febrero de 2018.


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