Un trio político sin amor al pueblo (parte IV – final)

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EDGAR RIVERO.-

En esta ocasión, tocaremos el tema del sector privado de la producción de alimentos. Ese mismo que el régimen ha sometido a todo tipo de abusos y arbitrariedades. Esta mala praxis del ejercicio del poder ha venido afectando a cada uno de los componentes de la cadena agroalimentaria. Los sectores afectados son las unidades primarias de producción: la pesca artesanal e industrial, el sector financiero, la agroindustria, el agrocomercio y los sectores de almacenamiento, transporte, así como toda la cadena de comercialización.

Aunado a ello, la banca pública que representa casi el cuarenta por ciento de la capacidad del financiamiento de la producción, se ha convertido en la “caja chica” del Psuv, dedicada a financiar el proselitismo político, prueba de ello son los altos índices de morosidad que presenta el Banco Agrícola de Venezuela, el cual está técnicamente quebrado y que mediante estos recursos manejados de forma fraudulenta compra votos y ejerce chantaje sobre la población del sector rural. De esta manera, el gobierno incumple con su responsabilidad de financiar la infraestructura y el costo de producción anual de los cultivos, de la pesca y de la actividad  pecuaria.

Asimismo, el agrocomercio, como llaman algunos expertos en el área, fue monopolizado por el gobierno a partir de la expropiación de Agroisleña, empresa constituida con capital privado en el año de 1958 y que atendía el cuarenta por ciento del mercado de agroquímicos, semillas y fertilizantes. A partir de 2010, año de la expropiación de Agroisleña y de la creación de Agropatria, el régimen monopoliza el mercado abarcando el 95% de esta actividad, mediante la restricción de divisas a las pequeñas empresas comercializadoras y a las cooperativas y suministradoras de insumos de las organizaciones gremiales, pero además mantiene un déficit y retardo en la disponibilidad de los diferentes insumos agrícolas. No hay excusas para tal desafuero, culpar al imperio yanqui y  recurrir a la guerra económica son sólo cuentos chinos.

Por lógica, este trío político sin amor al pueblo (Rafael Calles, Primitivo Cedeño y Efrén Pérez), no tiene la absoluta idea de cómo poder revertir esta compleja situación que influye notoriamente en la escasez de alimentos que se vive a diario y se proyecta negativamente en cada esquina, en una bendita cola que colapsa la vía pública y el funcionamiento de nuestras comunidades.

No se justifica por nada del mundo que en un estado agrícola, con gobernantes supuestamente vinculados con el clamor de su gente, existan a estas alturas  empresas a media máquina y otras semiparalizadas, que por la ausencia de políticas y estímulos del gobierno estadal y nacional, por el contrario han sido víctimas de la expropiación y de la confiscación. Sectores agroindustriales muy nuestros como el café y el azúcar han pasado a manos del régimen, en un 83% en el caso del café y en el caso del sector azucarero, diez de los dieciséis centrales azucareros existentes en nuestro país, fueron sujetos de apropiación por parte del Gobierno. Mención especial merece el caso del Central Las Majaguas, en el cual Primitivo Cedeño, en un gobierno democrático, tendría mucho que explicar.

Sin dudas, la aplicación, por parte del régimen, del modelo comunista fracasado disfrazado con el nombre de socialismo del siglo veintiuno ha destruido al sector alimentario. La consecuencia, ha sido la emergencia económica y social que está padeciendo nuestra población por la escasez y la carestía de los alimentos. Este régimen en su empeño delirante está diezmando a los sectores más vulnerables, con alarmantes cuadros de desnutrición y de enfermedades. Los únicos que pondrían afirmar lo contrario es el trio político del desamor y su entorno.

Ahora bien, nuestra población debe abandonar el marasmo inducido por este gobierno, sobreponerse y tomar la decisión suficiente para el urgente cambio de este régimen por un gobierno democrático, que nos saque de este desastre y que podamos vivir dignamente. He aquí la importancia de concurrir a un proceso electoral con garantía de confiabilidad, de lo contrario, habría que ponderar su participación.

Finalmente, no todo está perdido, si logramos el cambio político para Venezuela, el nuevo gobierno, debe asumir la producción de alimentos como una política de Estado, que garantice la aplicación de un Plan Agroalimentario, para el pleno abastecimiento de nuestra hambrienta población. Tenemos el talento y los recursos para  ello. Debe implementar una Política de Estado que trascienda a la duración de un periodo presidencial y que garantice seguridad jurídica, rentabilidad, financiamiento suficiente y oportuno, para lograr aumentar la producción y la productividad de manera sustentable y aprovechando nuestras condiciones agrológicas. riveroeeea@gmail.com


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