Venezuela: carnaval socialista

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YORMAN TOVAR.-

En su obra “Marca de agua” (1992), el poeta ruso Joseph Brodsky, Premio Nobel de Literatura 1987, describió las celebraciones carnestolendas, cotejando su simbología con las epidemias de la antigüedad, donde la gente vestía atuendos diversos y máscaras para protegerse de la peste: “¡Ah, esa legendaria capacidad de las palabras para significar más de lo que en realidad dicen! ¡Ah, el gatillo, la culata y el cañón del oficio! Por supuesto, el “Dique de los Incurables” recuerda la peste, las epidemias que solían barrer la mitad de la población de esta ciudad, siglo tras siglo. El nombre evoca los casos desesperados que, más que deambular, se echaban allí, sobre las losas, literalmente agonizantes, envueltos en sudarios, a esperar que los embarcaran y los llevaran lejos. Antorchas, humo, máscaras de gas para prevenir la inhalación, susurros de vestiduras y hábitos de monjes, grandes capas negras, velas. Gradualmente, la procesión fúnebre se convierte en un carnaval, donde se impone el uso de la máscara, puesto que en esta ciudad todo el mundo conoce a todo el mundo. Hay que añadir a ello los poetas y los compositores tuberculosos; y también hay que añadir los hombres de convicciones imbéciles o los estetas desesperadamente enamorados de este lugar: así, el dique merecerá su nombre y la realidad estará a la altura del lenguaje”.

El anterior párrafo, metafórico en demasía, se asemeja a la realidad venezolana. Nada más obsérvese la etimología de la palabra, del latín “carnevale” que significa “la despedida de la carne que no se comerá en los siguientes 40 días de la cuaresma cristiana antes de la pascua”. Comenzando por lo más sencillo: cuaresma, que es la abstinencia del consumo de carne, durante cuarenta días, comenzando por el miércoles de Ceniza hasta el viernes santo, época dedicada al recogimiento y el ayuno, con oraciones, penitencia y fervor religioso. Pues bien, la abstinencia de comer carne en la Venezuela Socialista no obedece a tradiciones cristianas, sino a la hiperinflación que padecemos. Y no es solamente de la carne, sino de todos los rubros comestibles.

Desde siempre el carnaval es una ceremonia universal de naturaleza lúdica donde exceden los juegos, la música, convites, bailes y diversión en general. Según Lula Aldunate: “se llama así, por similitud, a cualquier otra celebración del tipo donde prevalecen descontrol y permisividad característica de esta fiesta en su origen, y que, según dicen, es la causa del uso de máscaras para ocultar al “pecador”. Aparte de los acreditados carnavales de Río de Janeiro en Brasil, el de Venecia y el de Nueva Orleáns. En Venezuela fueron famosos –entre tantos- los de Carúpano, los de Píritu-Portuguesa y la “Mascarada” de Guanare, hoy en franca decadencia por la crisis económica.

Irónicamente  la crisis generada por el malintencionado capricho de imponernos el fracasado modelo comunista, genera otro carnaval: el del socialismo del siglo XXI, donde Nicolás Maduro actúa como el Rey Momo, dios pagano de la burla y el sarcasmo, prometiendo fatuos bonos para ganar bufones, polichinelas y payasos que lo ensalcen. Agraciados bufones, truhanes cortesanos son Oscar Schemel, quien afirma que Maduro tiene elevados porcentajes de popularidad; José Vicente en su comedia dominical en Televen, y Aristóbulo, defensor de lo indefendible. Polichinelas son las cuatro damas del Halloween del CNE y los cortesanos del TSJ; y los maromeros son los de la espuria Asamblea Constituyente. Hay arlequines como Tarek William “El falso Fiscal” y Arreaza “El chocarrero Canciller”. Las colombinas que son damas de compañía de los bufones, allí se ubican “La Fosforito” y Delcy Rodríguez. El resto del circo está formado por los payasos del TSJ, los militares enchufados y civiles lambepescuezos y el gabinete infecundo.

Toda esa bacanal se celebra mientras MOMO y su pagana reina montan la bailanta de salsa autobusera para divertirse sólo ellos. Todo eso pudiera converger en un enorme PAN Y CIRCO. Lamentablemente, tenemos la gran carpa, pero no el pan. El sector opositor actúa como la comparsa de burlados por Momo y su séquito de rufianes; y el pueblo, sometido a acudir a las bailantas carnestolendas a aplaudir y lanzar vítores, como ya no recibe la dádiva del pan del soborno, no quiere calarse la bacanal electoral para reelegir a Momo como centro del carnaval socialista, pues como dice el refrán: “amor con hambre no dura”; sorprendentemente el pueblo puede, de un momento a otro, abandonar las carrozas, romper los desfile, y lanzarse a las calles exigiendo el fin de la interminable cuaresma y exigiendo el pan que siempre le daban por ir al circo, y gritando: ¡Fuera Momo!… ¡Fuera Momo y su séquito! Y entonces caerá la gran carpa, asfixiando a Momo y toda su corte aduladora. Así se acabará el mito del Carnaval Socialista del siglo XXI. elmayortrovon@hotmail.com linetetovar@gmail.com


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