Virgen de la Corteza en Araure

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WILFREDO BOLÍVAR.-

Una antigua tradición histórica, documentada por la Iglesia Católica, recoge que el 2 de Febrero de 1702 la Virgen María apareció en la corteza de un árbol de tacamahaco a una mulata araureña llamada Margarita “La Perla”. Tres versiones sobre la ‘aparición’ dan cuenta de lo ocurrido aquel año. La más antigua consta en el documento “Información Judicial de 1757”, dada a conocer en 1806 por el viajero francés François Depons, quien habría revisado la documentación, la cual glosó en su obra “Viaje a la Parte Oriental de Tierra Firme”. Le sigue una narración escrita por el andariego Obispo de la Diócesis de Caracas, Mons. Mariano Martí, a propósito de su visita al lugar el 5 de noviembre de 1778, transcrita en la obra “Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas, 1771-1784” (Caracas: 1969, Tomo I, p. 576). Y la tercera, una versión del Padre Félix Martínez, escrita en 1883, descripción basada en tradición oral contada por los ancianos del pueblo de Acarigua.

Según los hechos, en 1702, la mulata Margarita “La Perla habría emprendido camino hacia Guanare” con intención de adorar la imagen de la Virgen de Coromoto, en pago de una promesa por haberle devuelto la salud a su hijo compañero del mismo viaje. De regreso, detenidos a orillas de una quebrada, conocida después como Quebrada de la Virgen, ataron su borrico a un árbol de tacamahaco con el propósito de descansar, colgando una hamaca entre dos palos. Al poco, advirtió el muchacho que el macho que montaban comenzó a espantarse, dando el joven con una luz vivísima proveniente del tacamahaco “y repararon que era una imagen de la Divina Señora, como pintada en la corteza de aquel árbol”, sosteniendo al Niño Jesús entre sus manos, episodio que habría ocurrido el 11 de febrero de 1702.

La mulata extrajo la imagen con un cuchillo y la envolvió en una tela. Acto seguido, el borrico echó a correr hasta la puerta de la iglesia de Acarigua, hasta donde le siguieron la mujer y el muchacho. Una de las versiones cuenta que un fraile capuchino, nombrado Miguel de Placencia, encontró a Margarita “La Perla” aposentada en la Casa Real contando lo sucedido. Fray Miguel mostró curiosidad por saber el contenido de la petaca donde se guardaba la imagen del tacamahaco. Puesto en autos, el capuchino cambió la concha a la mujer por un rosario, una estampa de la Virgen del Rosario y otra de la Inmaculada Concepción, la colocó en un altar de la iglesia San Miguel de Acarigua, dando inició al culto de “Nuestra Señora de la Corteza”. Cuatro años después, en el lugar del prodigio, el misionero capuchino Felipe de Palma fundó en 1706 el pueblo Nuestra Señora de la Corteza, equidistante en el camino real entre la villa de Araure y Ospino. Finalmente, en 1757, el culto recibió aprobación eclesiástica por el Obispo de Caracas.

En un principio, según Francisco Depons (1806), la imagen original de Nuestra Señora de la Corteza no estaba expuesta en la Iglesia de San Miguel Arcángel de Acarigua, sino en el templo Nuestra Señora del Pilar de Araure. Escribe el viajero el francés sobre la villa araureña: “Hay una hermosa plaza. Las casas, aunque bien construidas, nada tienen de notable. Sólo la iglesia es soberbia. Nuestra Señora de la Corteza, es lo principal en la iglesia de Araure”.

Refiere Depons que la reliquia original permaneció un tiempo en Araure, en casa de Margarita “La Perla”, quien la conservaba “en un rincón de la casa” alumbrándola con velas, hasta que el misionero capuchino Miguel de Placencia la solicitó en custodia para ser traslada a la iglesia de Acarigua, donde fue entronizada en uno de los tres altares del templo. El 30 de diciembre de 1765, una visita practicada por don Juan Antonio Montero, abogado de la Real Audiencia, como examinador sinodal del Obispo de Caracas, Diego Antonio Diez Madroñero, hace constar que la imagen permanecía colocada en “un retablo nuevo”. ¡Vivan como si fueran a morir mañana, pero estudien como si fuesen a vivir siempre! /cronistadearaure@gmail.com.


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