La maldición gitana

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IVÁN COLMENARES.-

Cuando algo es peor que las diez plagas de Egipto, no sé por qué, pero dicen que cayó una maldición gitana. Creo que Guanare tiene eso. Nunca antes, jamás en la vida, se ha tenido una crisis de servicios como la actual y para colmo, tres guanareños son las principales autoridades de este estado. El Gobernador, el invisible alcalde y el caballero que preside el Consejo Legislativo. Es decir, que debía faltarnos sólo sarna pa`rascarnos.

Aquí también viven dos diputados a la Asamblea Nacional, una de muy alto vuelo, aunque resignada, porque no faltó televisor que no rompiera cuando Calles le quitó el juguete que quería, ser alcaldesa. Dos constituyentes de la Asamblea fraudulenta. Un ministro que además es el vicepresidente del área económica. Más que suficiente. Poder político de verdad, aunque sea rojo rojito, para ver aviones pasar en la mañana y en la tarde, carros lujosos de enchufados, taxis de legisladores, diputados y concejales a granel, casa nueva del actual mandatario regional, bodas superlujosas de militares golpeadores de mujeres, fiesta de quince años promovida por el alcalde recién electo, que al parecer es lo único que ha hecho el burgomaestre peñitero. Y privilegios boliburgueses a granel, mientras el pueblo haciendo colas para carnet del PSUV y de la Patria y para comprarse una comidita. No me jodan.

No nos quedamos ahí. En el subsuelo tenemos el mar más grande agua del país y para dicha de quien no sé, una de las más puras. Tenemos el más grande lago artificial al norte del Orinoco. Y si faltan privilegios naturales, pelemos por el río Guanare, La Portuguesa y Río Anus,  al que con tantos planes que se dibujaron, conocimos por sus aguas cristalinas.

Pero no. Los guanareños nos sacamos la lotería con esta revolución de aquello que una vez dijera el destructor cuando rasguñamos la victoria del referendo contra la reforma constitucional. El pueblo habló pero se limpiaron el trasero con esa voluntad. Bueno, pero hoy estoy hablando del agua. Y eso que tan resignados estamos, que nos limitamos a que nos llegue un chorrito, no importa el color y menos su calidad. Desde cuando era diputado, he denunciado que bebemos un agua sin tratamiento químico adecuado, pero las autoridades de entonces desmentían categóricamente. Que viene de color amarillo, que tiene animalitos, que no se puede lavar la ropa blanca, ya eso no le importa a nadie, porque el clamor es agua para cocinar, para bañarse, para lo más esencial del ser humano, pero que llegue.

Lo que debió ser, igual que el drama eléctrico, un problema de conservación y mantenimiento, se convirtió en uno estructural de dimensiones colosales. Se descuidó el tema ambiental. Las tierras que fueron expropiadas por el Ministerio del Ambiente para construir las represas, fueron pagadas nuevamente por Chávez al llegar, pero nadie se salió o se la vendieron a terceros y las zonas protectoras de las cuencas de los ríos montañosos fueron depredadas o cultivadas irracionalmente sin control del gobierno. Y ahí tenemos las consecuencias, que además son irreparables a corto y mediano plazo.

Pero más se agrava la situación, de acuerdo a una información de que Corpoelec usa una turbina para producir electricidad para Sabaneta y zonas aledañas y resulta que se niega a apagarla aunque sea un día, para aliviar la sed de esta capital revolucionaria. Y el Gobernador, bien gracias, atado de manos, por sus compromisos con la cúpula que desprecia a este estado, a pesar de las mañosas cuentas de que este es el más chavista de Venezuela.

Que Dios nos agarre confesados si este régimen continúa.


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