Profesor universitario en tiempos de crisis

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YORMAN TOVAR.-

Desgraciadamente somos hoy el país más empobrecido del mundo en todos los niveles, sobre todo en EDUCACIÓN, la cual dejó de ser prioridad en este falaz socialismo del siglo XXI. Nuestras ALMA MATER que en tiempos de otrora eran regocijo de sus categóricas posiciones entre las óptimas del continente, hoy lidian por perseverar abiertas, pero sin prometer a la juventud, a sus profesores y trabajadores las providencias prioritarias que otras naciones tienen como política educativa. La educación superior es ahora la cenicienta de todas, sin afirmar que las anteriores escolaridades sean medianamente regulares. Es este el resultado de los erróneos planes de una revolución voraz, indolente y mediocre que, intencionalmente destruye el espectro educativo para moldear lo que ellos llaman “El hombre clave del socialismo del siglo XXI”, y por esa razón han creado, paralelamente, universidades de maletín: sin investigación, sin extensión, con docentes mediocres y estudiantes más mediocres aún, ocupando infraestructuras ajenas, y de paso, crearon un sindicato leguleyo paralelo, esquirol y sumiso al Poder Ejecutivo donde cotejan por igual profesores, empleados y obreros, en un solo rango, desplazando a la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela (FAPUV) y al otrora FENATES de los Empleados. Todo esto para negociar, a espaldas nuestras y a conveniencia del patrón los salarios y beneficios que por justicia nos corresponden.

Es así como tenemos hoy universidades a punto de inminentes “cierres técnicos”, azotadas por pírricos presupuestos, insuficientes para las providencias estudiantiles (comedores, transporte, laboratorios y bibliotecas); y menos aún para honrar debidamente los salarios de docentes, empleados y obreros. Atrás quedó la ilusión basada en el deber de superación académica: no hay posibilidad de asistir a conferencias y eventos de capacitación en el exterior, y menos aún de hacer posgrados. En revolución la meritocracia está prohibida. Eso sí… a nivel salarial todos somos iguales, hemos crecido como la yuca: para abajo. Sin menoscabar a los obreros afirmo que en el sector universitario, todos cobramos el mismo salario. Aquí no quedó títere con cabeza, y vale más ser obrero que profesor. Al primero le pagan anualmente el beneficio del fideicomiso, que aun no siendo apetecible por la inflación, es mucho mejor que el 8.5 que nos pagan a los profesores (un mes de salario integral) con el que alguien en categoría de Titular y con Doctorado, apenas podría comprar un kg de carne, un cartón de ñemas y un “blíster” de “Losartan” para la tensión arterial.

Disminuyeron los beneficios referentes a la salud al cambiar -en la mayoría de las universidades- el sistema de previsión social por una especie de macro seguros que no pueden controlar las mismas universidades, destruyendo así la eficiente labor que siempre cumplieron nuestros Institutos de Previsión del Profesorado (IPP). Ahora afilian, automáticamente los profesores a irresponsables mamotretos como “Bolivariana de Seguros” y “Seguros Horizonte”, los cuales son rechazados en las clínicas privadas del país por tramposos. Y peor que el resto de las universidades del país está nuestra UNELLEZ, la universidad que lamentablemente YA NO SIEMBRA.

Los profesores somos ya especies de parias. Vaya usted a las colas del Banco Mercantil para que nos vea, día a día, haciendo la cola de la tercera edad retirarando diez mil bolívares de la disminuida retención (no ahorros) que allí nos depositan. La mayoría andamos en “el carrito ‘e Lola”, pues no podemos mantener los vehículos. Están en el garaje, sin cauchos, sin batería, con aceite y filtro vencidos, o accidentados por algo sencillo cuyo costo alcanza cuatro o cinco bonificaciones decembrinas. De seguir como vamos, pronto andaremos: las profesoras escurridas como clavijas de arpa sabanera y los hombres arrastrando los raídos zapatos y con los fundillos a la rodilla, con una nube de mosquitos que hablará de nuestra miseria.

¡Qué tristeza! Y de saber que en democracia nuestros salarios se equiparaban con los del estamento militar: un profesor Titular con Doctorado cobraba el mismo salario de un General de la más alta jerarquía. Hoy los Titulares deseáramos cobrar aunque fuera una semana salariar del Teniente Diosdado Cabello. La Universidad Democrática nos enseñó que en la medida de nuestra superación académica podíamos aspirar una jubilación exitosa para una vejez feliz. Nosotros no escogimos esta vejez infausta que nos impone esta caterva de títeres del comunismo antillano. Por eso las universidades (incluida la UNELLEZ) son cascarones vacíos. La juventud que ayer se entusiasmó con la “masificación y la municipalización de la UNELLEZ” sabe que hoy en el Socialismo del Siglo XXI no vale la pena un título universitario, y quienes aspiren a ser docentes universitarios saben que no vale la pena ganar un concurso de oposición para después morirse de hambre. Una Universidad sin autonomía democrática es un vulgar cuartel; y sin estudiantes ni profesores es lo anverso de lo absurdo. Esto es apenas un resumen de nuestro vía crucis, después de dar todo por Venezuela y su futuro.

Colofón: Dejo hasta aquí mi columna para averiguar cuándo comenzará mi paisano Grossman Parra a publicar la lista de los dirigentes opositores que han sacado el carnet de la patria. elmayortrovon@hotmail.com


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