Abril 19 de 1810, la santa libertad

¡Comparte!
  •  
  • 1
  •  
  •  
  •  
  •  

ALBERTO DE LUCA BARTOLOMEO.-

Oíd, mortales, el grito sagrado: libertad, libertad, libertad.

A la luz de la Psicohistoria, es un momento que capta el espíritu de un pueblo extraordinario y nos anima a mirar en nuestro interior, a reconsiderar las cosas que damos por sentadas y a meditar sobre el legado que dejamos atrás. Hasta el agua cristalina de un arroyo puede enturbiarse si se remueve el fondo. A buen entendedor…El presente inhibe, ancla el pasado “jodiendo” el presente… ¿Soluciones?…Todo lo que nos aísla nos acaba destruyendo. La República estaba, en aquel tiempo, como hoy, totalmente carcomida en su interior. Contribuyendo a crear un ambiente de imprecisa desconfianza, que en vano trataban de contrarrestar las autoridades de turno. Y entonces sobrevino la máxima catástrofe que literalmente parecía abrir la sepultura a la República agonizante. Me refiero al terremoto de 1812. Los enemigos de la Independencia se apresuraron a interpretar que aquel desastre era castigo del cielo por la rebeldía de esas provincias, y señalaban dos extrañas coincidencias muy propias para herir la imaginación popular: que el terremoto había ocurrido en jueves Santo, lo mismo que el 19 de abril de 1810. Pero no debe extrañarnos descubrir en el subsuelo de tan grande acontecimiento un despreciable hormiguero de malas pasiones. La Psicología Política nos recuerda que en todos los países los trastornos políticos suelen facilitar el encumbramiento de hombres sin ningún valor que, materialmente, se entienden muy bien entre sí para detener o derribar al que pretende sacarlos de sus menudos apetitos y rencores y ponerlos al servicio de una causa superior(Sublimación). Son muy numerosos también los que en esos momentos andan siempre como enredados entre las piernas de los grandes hombres, buscando ocasión de trepar. Y a los anteriores se suma una tercera clase  que es la más temible: la de aquellos individuos que tienen carácter, talento y actividad, pero son perversos, intrigantes y envidiosos. Estos hombres son terriblemente dañinos en las épocas de turbulencia, y a diferencia de los otros, que apenas son pobres diablos, sobreviven durante largos años, siempre colocados en la preciosa situación de hacer el mayor daño. De todas estas categorías aparecen entonces cómplices. El camino de la perfección se compone de modificaciones favorables, máxima de don Simón Rodríguez en la cual se expresa también la misma idea de que es necesario aceptar la realidad para superarla, de que es preciso respetar el curso cambiante de las cosas, sin desistir por eso de dirigir nuestro destino. Y ningún pensamiento puede ser más adecuado que ese para servir de emblema al tiempo histórico que vivimos. Es el secreto de la perseverancia y del valor; y puede ser también en los momentos de adversidad, la advertencia que enseñe a reconciliarnos con el mundo y nosotros mismos. “El valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna; las cosas para hacerlas bien es preciso hacerlas dos veces; porque sin energía no resplandece nunca el mérito y sin fuerza no hay virtud y sin valor no hay gloria”. Estos son los lemas con que el mismo Bolívar reanima su ímpetu y las que, en definitiva, debemos adoptar. Abril 19,1810 nos recuerda los conceptos de Libertad y Justicia, que tocan la existencia del hombre y de la sociedad en cualquier parte del mundo. Si la Justicia es el principio esencial para vivir y para gobernar, la Libertad es el aire de la Justicia. Y nos queda la bien fundada esperanza de revitalizar nuevamente aquel espíritu constructivo de nuestra nacionalidad para contrarrestar y purificarnos de atropellos, miseria, anarquía moral, improvisación, que sirven hoy para explicar los males que desorganizaron, desorganizan y corrompen como un subproducto funesto nuestra tradición democrática tan corta y mal llevada. Porque para los intelectuales de nuestra generación la patria nunca ha sido realidad presente y placentera sino tierra por alcanzar y promesa de fragosa ruta que hemos aceptado por vocación y por deber. Estudiar un problema histórico es casi siempre estudiar un problema psicosocial. delucabartolomeo@gmail.com


¡Comparte!
  •  
  • 1
  •  
  •  
  •  
  •  

También te podría gustar...