Sin sangre en las venas

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IVÁN COLMENARES.-

Yo no sé a ustedes, pero a mí me dio arrecherita ver al Presidente Maduro y a su aquelarre diabólico informarle a su militancia sobre el comando de campaña desde el mismísimo Panteón Nacional, el altar de la Patria, el sagrado templo donde reposan los restos de nuestros Libertadores y de aquellos, hay algunos que no, elevaron el orgullo de ser venezolano. Ya les sobra excremento para burlarse de la obra y grandeza del Sol de América y de su genial patrimonio mundial.

A los nacionales parece que nos pasa como la canción ranchera de José Alfredo Jiménez, de la cual me robé su título. Están pasando cosas que nos descubre insensibles, cuando la solidaridad era la característica fundamental de quienes nacimos en esta tierra de gracia, destruida por la ambición desmedida y la corrupción inacabable de una élite depredadora a la que le importa un carajo la suerte de sus conciudadanos haciendo “…feliz a la gente con una mentira, y ser el amo del mundo, el rey de la vida…” ni las penas de sus compatriotas, del bravo pueblo del que se jactan tener, y los tienen muriéndose a mengua, sin considerar ni siquiera el anhelado canal humanitario que aliviaría los males de más de 16 millones de venezolanos que apenas comen una vez al día. Claro, el CLAP, el 800 Salud y el Carnet de la Patria se irían por la cloaca, porque de nada servirían ya que el gobierno no tiene vela en ese entierro.

Muestra de lo que hablamos son los 120 adolescentes en el caserío Santa Marta de Ospino, que padecen del alargamiento del cuello. Bocio endémico desaparecido a mediados del siglo pasado en nuestro país y que revive con fuerza, porque una de sus posibles causas, es la desnutrición. Desde el año pasado, hemos denunciado la aparición de esa epidemia en las zonas rurales de los municipios Sucre, Unda y Guanare, y según las investigaciones de El Pitazo, los casos llegaron a mil en el 2017. Y las autoridades sanitarias,  como si la vaina no fuera con ellos.

Sin meter las colas, la historia se repite malamente. Primero Cuba y ahora, Venezuela 50 años después, tiene una fotocopia del trato inhumano hacia la gente con el transporte de pasajeros. Los camiones y camionetas con un alto margen de inseguridad, de una manera irresponsable por lo demás, cargan seres humanos como animales y a unos precios que hacen más dramática la carestía de la vida y lo poco de la plata que se consigue. El bachaquerismo es el peor crimen de la crisis. Un aceite comestible que debe costar 300 ó 400 bolívares, ahora se consigue por 700 y 800, convirtiendo esa vital necesidad, en un delito auspiciado, protegido e impulsado por el gobierno de Nicolás Maduro, la cúpula militar y el PSUV. No mencionemos la crisis hospitalaria, médicos comunitarios y cubanos vendiendo medicinas que deben ser gratuitas, centros asistenciales sin insumos, sin personal. Ni de las colas en pleno sol y ahora, llegando el invierno, para comprar un producto de primera necesidad, regulado y ahora, haciendo milagros para comprar efectivo. Escuché en una conversación que para pagarles a sus trabajadores en la finca, su dueño tuvo que comprar dinero al 130 por ciento.

Y el cuadro final de este lamento, lo vi hace varios fines de semana, cuando un cortejo fúnebre salía del Barrio La Victoria, a pie. Me imagino que los altos costos funerarios no alcanzaron sino para la urna, cuyo valor sobrepasa ya los 30 millones, la más barata. De allí por la Avenida Bolívar de Guanare hasta el Cementerio, hay unos 3 kilómetros y a la una de la tarde, con el sol de la candela en marzo, hay que imaginarse el sacrificio para conducir al difunto hasta su última morada.

Que el gobierno esté de espaldas a todo esto, ya sabemos que ellos nacieron sin corazón en el pecho como decía otra canción caribeña. Que la oposición, en sus tres toletes, vea el drama y no consiga caminos, es incomprensible. Pero que los venezolanos de a pie tengan concha de morrocoy, significa que la ideologización ha llegado hasta los tuétanos de los más humildes y los más creyentes le echen la culpa a Dios, porque supuestamente está en la Biblia. Hay mucha rabia, mucha indignación. Le toca al liderazgo existente y al que debe salir, convertirlas en una sabia decisión que nos conduzca a una urgente salida electoral.


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