1951: Mano Nerio por Ramón J. Velásquez

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WILFREDO BOLÍVAR.-

Nerio Duin Anzola el popular “Mano Nerio”, que da nombre a nuestro primer parque citadino, nació en Acarigua el 10 de octubre de 1892 y murió en esta misma ciudad el 7 de noviembre de 1959. Coleccionista, cazador y cronista popular, en vida llamó la atención de periodistas e intelectuales de su tiempo, quienes le dedicaron textos y reportajes a su curiosa existencia transcurrida en la vieja Reja de Guanare.

El 24 de agosto de 1951 en los talleres de la Editorial Ávila Gráfica de Caracas del celebrado editor guanareño José Agustín Catalá publicó el polifacético personaje su libro “Memorias y Curiosidades” (Ob. Cit., 155 pp.). Se trata de un libro testimonial con las peripecias de su vida y los sucesos menores que acompañaron sus venturas y desventuras en las Acarigua y Araure de ayer y otros pueblos de Portuguesa.

Dos meses después de su aparición, el jueves 18 de octubre de 1951 publicó Ramón J. Velásquez un extenso reportaje sobre Duin Anzola en la revista “Signo” de Caracas, impresa bajo la égida editorial de Humberto Bártoli, José Agustín Catalá y el propio Velásquez, encargado de los temas centrales. El título del reportaje dedicado al popular acarigüeño fue “Nerio Duin Anzola: por los caminos de la provincia”, destacado años después en el libro “Ramón J. Velásquez: estudios sobre una trayectoria al servicio de Venezuela” (Caracas: 2003, 404 pp.).

Lo primero que llama la atención, de quien en 1993 se convertiría en Presidente de la República, es que Duin Anzola “no tenía máquina de escribir y además no sabía usarla”. Se admira que el singular personaje “no tiene preparación para acometer obra semejante y a estas dos razones fundamentales, añade una no menos apreciable: debido a su pobreza, nadie le hacía caso cuando hablaba de sus propósitos de llegar a ser el cronista de su pueblo y de su tiempo”, bajo confesión de que “no quiero engañar con frases cultas y bien hechas que estoy lejos de dominar”.

La crónica de Velázquez constituye la primera crítica literaria al libro de Mano Nerio y sus reseñas pueblerinas. Escribe el académico: “En estas crónicas simples, escritas sin observar las reglas de la sintaxis castellana, dislocadas, a veces tontas, en ocasiones absurdas, corre y vive toda la vida simple y trascendental de la provincia venezolana. Mejor que en muchos de esos arreglados volúmenes, de pulida frase y armoniosa entonación que tratan de dar una interpretación de la realidad nacional, en estas páginas el curioso lector choca con el universo venezolano, entra en contacto con ese conjunto de leyendas, aventuras, picardías, simplezas, audacias y filosofías que forman el subsuelo de la patria”.

Basado en la fotografía de Mano Nerio inserta en sus memorias, Velásquez le describe: “Alto, blanco, ojizarco, con una barbilla de General de la Federación, delgado y nervioso, su figura recuerda la estampa de los viejos hidalgos españoles, miserables y orgullosos […] Como buen llanero este curioso rapsoda, es hombre de rica fantasía. A él le han sucedido hechos asombrosos, sobrenaturales, así lo asegura”.

Privilegiado por las excentricidades narradas, Velásquez usa del libro para una valoración de su tiempo histórico. Escribió el tachirense en el documentado reportaje: “Para el venezolano de la Caracas de 1951, los relatos de este espontáneo cronista, tienen sabor de cosa ida, estampas de un lejano tiempo medroso, incómodo, idiota. Tan profunda es la separación que el dislocado progreso petrolero ha creado, entre la Capital luminosa y tentacular y el ritmo lento, casi agónico de sus provincias”.

Para concluir, sobre la urna pintada de animalitos que en vida el viejo se hizo fabricar, sentencia Ramón J. Velásquez que Mano Nerio es un “senequista sin saberlo”. Y concluye su nutrida nota capitalina: “Para Nerio Duin Anzola como para el filósofo español, la muerte es todo y no hay nada después de la muerte”. Por gracia de Dios —en quien parce que no creía—, sus toscas letras y la curiosidad despertada en los círculos intelectuales de la nación, le hicieron el inmortal y primer cronista de nuestra cotidianidad. ¡Vivan como si fueran a morir mañana, pero estudien como si fuesen a vivir siempre! /cronistadearaure@gmail.com.


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