Herodes en socialismo del siglo XXI

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YORMAN TOVAR.-

Por algo afirmó Cicerón que “la historia es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la vida de la memoria, la escala de la vida y el mensajero de la antigüedad”, y como evidencia, autenticidad, reminiscencia y plenipotenciaria de los hechos de nuestros antepasados, ella se repite. Cuando revisamos la “página negra” de la vida de Herodes “El Grande” nos encontramos que entre tantas crueldades que “acosó a sus rivales y enfrió a todos los que pudo; confiscó sus bienes, nombró los sumos sacerdotes que se le antojó, formó un ejército de mercenarios, creó uno de los estados policíacos más eficientes de la historia y torturaba horriblemente a sus opositores”; además “pasó a cuchillo a dos de sus hijos, Alejandro y Aristóbulo, quienes fueron delatados por el primogénito Antípatro, hijo de la primera esposa Doris, que después probó el hierro del verdugo, cinco días antes de la muerte del monarca”.

Asimismo “su paranoia de tirano lo hacía ver enemigos hasta debajo de las alfombras y terminó carcomido por sus propias intrigas”. De misma manera se habla de su buena fortuna, amparado en el excesivo poder: “como los gatos, Herodes siempre caía parado; eso sí, en el patio de los ganadores. Tuvo la extraordinaria habilidad de colarse entre las patas de los poderosos romanos. Con sus ronroneos obtuvo los favores de Julio César, los de Marco Antonio y finalmente los de César Augusto, que lo nombró rey de Judea”. También se afirma que se mantuvo en el poder, gracias a que “tejió una red de soplones y mediante traiciones y emboscadas barrió –literalmente– con todos los pillos de la región, aunque de paso acabó con la clase aristocrática nacionalista que obstruía su ascenso al trono”.

En cuanto a la escabechina infanticida del 28 de diciembre se han tejido ciertas dudas. Algún historiador sostuvo que “le endosaron la matanza más conocida de la historia, con tal de asesinar a un recién nacido, que acabaría con su poder como Rey de los Judíos”. Opina un historiador contemporáneo que “Herodes no es la clase de padre que alguien invitaría a un baby shower, dada la fama que lo precede de infanticida. Lo cierto es que salvo por la mención hecha por San Mateo en su Evangelio, no hay ninguna certeza histórica que acuse al tirano judío de matanza alguna de niños”. Contrariamente otro afirma que “es absurdo pensar, como los medievalistas, que el déspota ordenó degollar, destripar o despatarrar a 144 mil niños; o los 64 mil que aseguraba la iglesia siria y menos los 14 mil de la Iglesia Ortodoxa”, puesto que  “estudios demográficos indican que el poblado de Belén, donde nació Jesús, tendría en el año 4 a de C. de 300 a 1000 habitantes, de ellos sólo habría entre 7 y 20 menores de dos años”.

Anatole France (escritor francés) aseveró que “como la historia no es una ciencia, sino un arte, en sus aciertos interviene siempre la imaginación”. Tomando esta frase como un beneficio de duda, por lo imaginario, en torno a Herodes, hay que razonar que el solo hecho de perseguir a los infantes de la época, celoso del poder, por el natalicio de un Mesías, posible sustituto, no lo exonera de su culpabilidad.

La nefasta historia del psicótico déspota de Judea se repite en la Venezuela del siglo XXI. Dos Herodes: primero Chávez y ahora Maduro, acosaron no sólo a los políticos sino también a productores e industriales, y confiscaron sus bienes. Nombraron “sumos sacerdotes” en el TSJ y los demás poderes para doblegar al pueblo; formaron catervas de mercenarios y mazmorras policiales para torturar despiadadamente a sus opositores. Y así como Herodes  “pasó a cuchillo a dos de sus hijos”, dos sobrinos de Maduro fueron objeto de prisión extranjera por ser agentes (convictos y confesos) del maleficio narco-comunista. El espurio mandatario solo está pendiente de su sujeción al poder, por temor a enfrentar la cantidad de delitos de lesa humanidad que pesa sobre su pútrida conciencia, por eso su paranoia lo hace ver enemigos hasta debajo de las alfombras, por lo cual acosa a los militares institucionalistas que aún quedan en la FAN.

En cuanto a la semejanza del infanticidio de Herodes, el caos de nuestros hospitales materno-infantiles como el “J. M. De Los Ríos” y en general, todos los del país, hablan por la crisis de la salud. No hay diálisis ni quimioterapias para los niños, y cuando manifiestan en las calles, son reprimidos por la GNB. Ahora resulta que tampoco hay vacunas para inmunizar a 2,9 millones de niños, y las madres, en cambote, desafiando la escasez de papel moneda y de transporte, se desplazan hacia las fronteras de Colombia y Brasil en busca de solidaridad humana para tanto inocente en riesgo.

Al final –dice la historia- Herodes “las pagó todas juntas y una especie de fuego lo consumía por dentro, con la lentitud de un pollo a las brasas. Le ardía tanto que ni siquiera resistía que lo tocaran. Tenía los intestinos con úlceras y padecía de un cólico infernal. Despachaba un aliento fétido y sufría de constantes convulsiones”. En nuestro caso, como las sanciones (no las internacionales, si no la justicia divina) entra en el corazón del criminal desde el instante en que comete el crimen, Maduro como Herodes purgará sus penas y las de su antecesor. El cargo de conciencia lo consumirá como pavo navideño al horno, para luego ser servido en las bandejas del desagravio a los pobres que murieron en la indigencia, en especial los llantos agónicos de los párvulos sacrificados y las inconsolables lágrimas de las impotentes madres; y en sus intestinos arderán las pústulas de esa moral que tanto pisotea al humilde pueblo, al que mil veces ha burlado llamándolo “soberano”. En fin. Sobre su alma lloverán las culpas, tanto de sus titiriteros de Cuba, Rusia y Corea del Norte, como la de sus marionetas cívico-militares. Cuando llegue la justicia al pésimo teatro del socialismo del siglo XXI no quedará títere con cabeza.


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