El Bolívar del siglo XXI

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YORMAN TOVAR.-

“Chávez es el Bolívar del siglo XXI”, sentenció Maduro en reciente verborrea comunicacional, idolatrando por enésima vez a su ídolo, como buscando un respiro, y a la vez degradando a Bolívar; aunque pudiésemos pensar que tal vez se refería al devaluado signo monetario, y así no nos quedaría otra opción que darle la razón. Recordemos que desde el inicio de su mandato, Chávez, inoculado de fanatismo, propuso una especie de ruptura de la perspectiva tradicional del Libertador descollando tres vertientes que sustentan ese acaloramiento  bolivariano: Una posición nacionalista, una izquierdista y otra  visión política y mágico-religiosa que refleja un carácter revolucionario radical. La primera se basaba en la ficción de la “patria grande” integrada por las naciones liberadas por Bolívar. La segunda, hacer creer hasta la obstinación que Bolívar era marxista (aberración que nadie cree, puesto que esa doctrina nació mucho tiempo después de muerto el insigne patriota); y la tercera, elevar a Bolívar a una mayor idolatría que la tradicional con el fin de fundirse en el pensamiento bolivariano y hacer creer al pueblo que él (Chávez) era la reencarnación del “Genio de América”.

Tal testarudez llevó a Chávez el 15 de julio de 2010 (si no me equivoco de fecha), después de la medianoche,  seguramente alentado por brujos y paleros antillanos a presidir, rodeado de aduladores, la exhumación de los restos del mayor héroe de la independencia de América Latina, y objeto de la obsesión personal y política del semidiós de Sabaneta. Esa noche fue extraído el esqueleto, pieza por pieza para que algún “científico” comunistoide buscara pruebas del envenenamiento con arsénico que el imperio yanqui le mandó a dar a Bolívar a través del pérfido agente de la CIA Dr. Alejandro Próspero Reverend. No olvidemos aquella perorata incoherente en la que le rogaba a Cristo que repitiera el milagro de Lázaro: ¡Levántate, Simón!

Desde esa noche lo comenzó a poseer, no el espíritu de Bolívar, sino una especie de fuerza maligna de Leviatán. Parece que una abominación divina recayó sobre los profanadores del sarcófago traído por Páez el 13 de diciembre de 1842. Y pronto cayeron varios de los aduladores, víctimas de sorpresivas y prematuras, entre ellos William Lara, Eliezer Otaiza, Carlos Escarrá y Robert Serra, hasta que le tocó al jefe de la profanación, una vez que maldijo públicamente por TV al pueblo de Israel. Creo que los judíos sí pueden afirmar: “el que se mete con Israel se seca”.

Luego de tal herejía, supuestamente, le tomaron muestra a la calavera para sacar la NUEVA IMAGEN de Bolívar, y de una craneometría chimba salió el esperpento paliducho que ahora, como imagen socialista de Bolívar, colocan en las oficinas públicas y puestos de control de la GNB en las carreteras. Desde ese momento el paródico y macabro mensaje ha sido: “Chávez no es un seguidor de Bolívar, Chávez es Bolívar reencarnado”; y cualquiera que  afronte tal parodia o la reproche, es un traidor, no sólo de Chávez sino de la historia… un apátrida.

Una vez muerto Chávez, Maduro (el recomendado por Fidel), con la obsesión de no dejarse arrebatar el legado de Chávez, saca a patadas la imagen de Bolívar y reemplaza el Panteón Nacional por el Cuartel de La Montaña, lo convierte en un Dios y él mismo se hace llamar “hijo de Chávez”. La prueba de ello es su más reciente charlatanería televisiva: “Chávez es el Bolívar del siglo XXI”. Hasta cierto punto creo que Nicolás tiene razón, pues de Hugo Chávez lo que va quedando es el desengaño. Ya el pueblo comienza a darse cuenta del mega fraude que fue como precursor de la hecatombe económica y social que vive Venezuela. Chávez es el Bolívar del siglo XXI: archi devaluado por la mala política económica de Maduro; asesinado por la hiperinflación, con una espada prostituida, cuya réplica fue puesta en las manos más asesinas del mundo: Mahmoud Ahmadinejad, Muammar Gaddafi, Alexander Lukashenko, Robert Mugabe y Raúl Castro, además del farsante Vladimir Putin.

Por sus ideales, contrariamente al anti imperialista que vende el chavismo, hay que deducir que Bolívar fue uno de los mejores aprendices de “La Ilustración”. Su lucha contra la supremacía española en Sudamérica daba muestras de tal iluminación.  Era un seguidor de la Revolución Estadounidense, y su visión universal se perfiló en tantos viajes por Europa; sustentando su sapiencia en las obras Montesquieu y Voltaire. No pudo haber sido un facineroso comunista, ese hombre que creyó con vehemencia que las grandes naciones debían ser regidas  por leyes, mas no por individualidades. Bolívar fue inspirador del liberalismo, por eso planteó alguna vez la separación de poderes, las libertades civiles, el libre comercio y la libertad de pensamiento en sus discursos y escritos. Nada que ver con el aquelarre ideológico de Chávez, por tanto, hay que decirles a los herederos de su desastre lo que dijo una vez Rabidranath Tagore (el poeta de Calcuta-India): “Tu ídolo se ha deshecho en el polvo para mostrarte que el polvo de Dios es más grande que tu ídolo”.


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