Mundial de fútbol. Pan y circo

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ALBERTO DE LUCA BARTOLOMEO.-

El fútbol es para algunos un juego y para otros una forma de vida. Hay quien lo usa como negocio o lo sigue como ideología. Llega a considerarse una pasión e incluso representa una “religión”. Forma parte del mundo actual, de la sociedad de masas que todo lo envuelve. Está presente en cualquier parte del mundo y tras él hay intereses ocultos. Unos pocos lo utilizan como instrumento de poder. Un poder para hacer dinero, controlar y manipular, Los aficionados somos mudos testigos de este espectáculo. Quizá ha llegado el momento de mirar un poco más allá, de descubrir qué se esconde detrás de todo ese circo. Les invito a reflexionar, e intentar buscar la verdad que se oculta en 90 minutos, una veintena de jugadores y un simple balón. Después de todo, la Psicología debe interpelar, debe sacudir. El análisis debe hacerse desde los elementos mismos que constituyen este fenómeno de masas, dentro de un contexto y significado propio. Mostrar sus distintas caras. En este fenómeno intervienen numerosos actores. Es utilizado por empresarios, políticos y MCM para alcanzar distintos fines. En principio, el fútbol es un negocio redondo, como el balón, que reporta grandes beneficios. Por eso tantas empresas se introducen en él. Los valores deportivos  han sido sustituidos por criterios mercantiles, y los jugadores son productos para comerciar. Los futbolistas son una especie de gladiadores, que se dedican a entretener a la muchedumbre. El aficionado es un simple espectador sin posibilidad de respuesta. Porque a una persona le puede gustar este deporte, pero sólo se le permite opinar en ciertos niveles. Un seguidor nunca podrá entrar en la FIFA y decirle a su presidente lo que piensa de su gestión. En el fútbol no hay igualdad de condiciones. Se presenta como un juego integrador, todos unidos por unos colores, y detrás hay unos señores llenándose los bolsillos. El aficionado es el que sufre cada partido con el equipo. Si desciende de categoría, los jugadores se irán a otro club y cobrarán el sueldo estipulado. El descenso lo padece el aficionado y aquel jugador que sienta los colores. El empresario gestiona el club como una empresa, por eso sólo le preocupa la pérdida de ingresos. Si los emperadores romanos hablaban de pan y circo, aquí ocurre algo parecido. El objetivo es que la gente esté pendiente del partido, no que tenga tiempo para reflexionar sobre los acontecimientos de actualidad. Se oculta o tergiversa la realidad con ayuda de los MCM, y el ciudadano se encuentra ante sí con una realidad construida por los medios. El fútbol es un agente de la sociedad de masas. El mundo se dirige a la globalización y con este juego se está produciendo una especie de “gol-balización”. El balón se lleva a todas partes, hay goles en cualquier rincón de la aldea global. El deporte tiene una gran repercusión social y podría utilizarse para hacer buenas obras, para construir una sociedad plural con unos valores éticos de solidaridad, compañerismo e igualdad de condiciones para todos. Se organizan partidos benéficos; algunos deportistas son embajadores de UNICEF, hay quien lucha por la paz en su país o hace labores sociales. Si todos los agentes que conforman el fútbol colaborasen por el bien de la sociedad, ayudarían a hacer un mundo mejor. delucabartolomeo@gmail.com


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