“Se parece tanto a ti”

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PACIANO PADRÓN.-

Podríamos decirle a Venezuela, en referencia a Nicaragua, “Se parece tanto a ti”, como reza la vieja canción popular. Lo mismo podríamos decirle a Cuba pensando en Venezuela, “Se parece tanto a ti”. No es de extrañar, usan la misma política y estrategia, son variantes de la dictadura comunista que aniquila libertades y pretende matar la esperanza del pueblo. Si algo tiene de bueno que se copien el modelo, es que se podría -a sabiendas de a dónde nos lleva y cuáles son los procedimientos- ponerle punto final a la tragedia, a la maldición que encierra retroceso, en medio de una privación absoluta de la libertad.

Los dictadores de Nicaragua son asesinos de su pueblo: el presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, quien ejerce la vicepresidencia de la República con tal fuerza e iniciativas, que a veces pareciera ser ella la Jefe de Estado, o mejor dicho la dictadora titular. Estamos viviendo días de alzamiento de la voz del pueblo nicaragüense contra la dictadura. Los líderes juveniles y los dirigentes populares han tomado las calles, mientras los asesinos las han llenado de sangre de pueblo.

Al igual que en Venezuela, la Fuerza Armada actúa como policía del régimen, régimen que alienta, sostiene y nutre fuerzas irregulares que pretenden presentar como voluntarios del pueblo que reaccionan contra la oligarquía. La verdad es que son cuerpos paramilitares; en Venezuela hoy los llamamos colectivos armados, al inicio fueron bautizados como círculos bolivarianos, mientras que en Nicaragua los llamaban inicialmente “turbas divinas”, ahora conocidos como paramilitares. En otras dictaduras del mismo corte criminal esos cuerpos de asesinos del régimen han adoptado otros nombres, pero siempre el mismo procedimiento delictual al enfrentar las reacciones populares. En el fascismo italiano fueron memorables las “Camisas Negras”, mientras que en la Haití de los Duvalier, los “Tonton Macoute” asesinaron o hicieron desaparecer a 150 mil civiles opuestos al régimen. Por cierto, los Tonton Macoute no eran asalariados, no les pagaban, ellos se hacían su sueldito con las armas que les daban, eran una verdadera tragedia.

En Nicaragua como en Venezuela el Estado pretende acabar con la libertad de información, persigue periodistas, encarcela y asesina comunicadores sociales, cierra radios, controla televisoras e intenta someter las redes sociales. Lo más reciente en Venezuela es que el diario La Nación, de San Cristóbal, acaba de anunciar que solo circulará cinco días a la semana, mientras que el diario El Sol, de Margarita, ha hecho saber que pasará a ser Semanario, por falta de papel y otros insumos que el Estado le niega a la prensa libre.

En lo económico hay algunas diferencias; mientras en tiempos de Correa en Ecuador, de Evo en Bolivia y de la nefasta pareja Ortega-Murillo en Nicaragua, han permitido mantener una producción tutelada por el Estado, en Cuba y Venezuela -más apegados al clásico esquema marxista- el Estado ha asesinado la iniciativa privada, y han hecho un Estado más grande, corrupto e ineficiente.

En Nicaragua, también en Venezuela, el régimen imperante se ha negado por años a conversar con el pueblo, con los empresarios e intelectuales, con los universitarios y con los que disienten de él. Ahora, como en Venezuela, el régimen está empeñado en sostener un diálogo en el que han logrado sentar en la mesa a los más variados sectores de la vida social, política y económica de Nicaragua. Ese diálogo, promovido por el régimen, solo  pretende enfriar la calle y permitirle al dictador prorrogar su agonía, estirar la arruga. Los obispos de Nicaragua actualmente deliberan si abandonar o no el diálogo. Abandónenlo ya, no le den aliento al régimen criminal Ortega-Murillo. La Conferencia Episcopal Nicaragüense, al igual que la venezolana, ha mantenido una lucha clara y digna contra el régimen dictatorial que ha jurado deponer. pacianopadron@gmail.com  @padronpaciano


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