1818: Pardos y mestizos en la villa de Araure

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WILFREDO BOLÍVAR.-

Según las categorías sociales impuestas por la Colonia, desde el siglo XVII con referencia al color de la piel, se calificó como pardos a los descendientes del cruce étnico entre negros y blancos. Con el tiempo, la caprichosa estratificación generó otras desmembraciones: zambo (mezcla de indio y negra, o viceversa), morisco (hijo de español y mulata), coyote (mezcla de mestizo e india), tente en el aire (hijo de zambo y tercerón o cuarterón). Para los españoles estos “quebrados de color”, como se los califica en algunos documentos, eran en su criterio una masa uniforme de mulatos, término derivado de una antigua voz árabe asociada al mulo, por referirse a su condición racial de ‘mezclado’ o ‘mestizo’.

Como en el resto de la Provincia, los pardos no poseen una situación social uniforme. Algunos están sujetos a la condición de esclavizados. En la villa en 1776 don Pedro Asencio de Unceín y su mujer vendieron a Francisco Carvajal una esclava “mulata” llamada María del Pilar. Aunque algunas disposiciones permiten a los progenitores blancos conceder la libertad a sus hijos mulatos, las providencias de manumisión no impiden que esta abultada clase social sea sometida al dictamen de las leyes, siempre bajo la primacía de los peninsulares y blancos criollos.

Los pardos son una casta inferior con limitaciones de acceso a la educación, consagraciones religiosas, ocupación de cargos públicos o desempeño de ciertos empleos reservados a los blancos. En 1778 en Agua Blanca, el Obispo Mariano Martí registra que la pequeña comunidad se compone de “diferentes, indios, negros, mulatos y mestizos que vivían regados en estas inmediaciones”. Refiere el prelado que, siendo un pueblo de indios, los blancos del lugar comparten un mismo espacio con herreros, carpinteros, albañiles y otros artesanos. Y escribe: “Me dize pues acá no hay hurtos, y que estos blancos, negros y mulatos y sambos son gente dócil por lo regular”.

Al grupo de pardos pertenecen numerosos artesanos y cuantos oficios pudieran adquirir para su manutención. En Araure, la documentación deja pocos rastros de sus nombres. En 1778, un zambo llamado Juan José es quien “a son de caja y usanza militar” en la plaza pública realiza el pregón del Juicio de Residencia practicado ese año a funcionaros de cabildo. En 1818, un largo expediente por infidencia al Rey en medio de la guerra, trae mención de algunos artesanos. En la villa José Tomás Travieso, letrado de 33 años, dice que “se ejercita en el empleo de tejedor”; José María Egui, analfabeto de 20 años, dice que es “natural de la villa de Araure y de oficio platero”; Juan Antolino Rivero, pardo analfabeto de 46 años es “natural de la villa de Araure y de oficio sastre”.

En San Miguel de Acarigua, según el referido documento, como criado del canario don Domingo Oramas, vive su apellidado sirviente Pedro Antonio Oramas de 22 años “que se ejercita sirviéndole a su amo don Domingo en el oficio de sastre”. Del mismo expediente, don Miguel Álvarez vecino de Sabaneta de Turén en declaración contra doña Bartola Rojas, esposa del estanquero don Hilario Pacheco, relata que “teniendo un día el que declara una competencia propia de hombres con Pacheco, tuvo esta atrevida mujer valor para echar mano a una espada y tirarle al exponente por detrás, que a no habérselo privado un zapatero del cual ignora su apellido y se llamaba José del Rosario, que vivía en la propia casa, hubiera muerto”.

A pesar de las carencias, los pardos revelan sus talentos en procura de una moderada manutención. Algunas de las habilidades y oficios se transfieren de padres a hijos. Otras veces se aprenden entre miembros de distintas castas. En 1818, contenida en el aludido expediente, la declaración de Manuel Pereira, peón jornalero residente en la casa de doña Luz Silva en el sitio del Choro, refiere que después de la Batalla de Cojedes un soldado desertor de las tropas realistas se ocupa en enseñar el arte de la platería. Relata “que se llamaba José María Ramos, se estuvo en la casa cerca de un mes con el motivo de querer enseñar a plateros los hijos de doña Luz, pero que después, tímido no lo fuesen a coger, se marchó para Barquisimeto”. ¡Vivan como si fueran a morir mañana, pero estudien como si fuesen a vivir siempre! /cronistadearaure@gmail.com.


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