HOY en Familia

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Es imposible recorrer las calles de las ciudades hermanas sin sentir el fétido olor

Orinar y defecar en los espacios públicos

se ha convertido en un problema de salud

ACARIGUA/

Johnny E. Mogollón E.

“El sentido moral es de gran importancia, cuando desaparece de una nación, toda la estructura social va hacia el derrumbe”.

Alexis Carrel

Cualquiera que se atreva a salir de su casa y recorrer las calles de las ciudades hermanas se encontrará con que en muchas de ellas el pestilente olor de las micciones y heces fecales les persigue a todas partes y es que la falta moral que constituye orinar o defecar en los espacios públicos ya se ha convertido en un problema de salud que afecta a toda la ciudadanía.

No es un secreto para nadie el nivel de degradación de la moral pública que existe en nuestro país y particularmente en Portuguesa, nos hemos convertido, si se permite la expresión, en un pueblo salvaje marcado por la irracionalidad de sus actos y en el que el civismo es apenas un lejano recuerdo de días pasados. Las calles, aceras y paredes con el asqueroso olor de las deyecciones de los portugueseños, son una prueba irrefutable de la barbarie.

De día y ante la mirada de los transeúntes o en las penumbras de la noche, ya se ha hecho común ver a cualquier persona -hombres o niños sobre todo- abrirse la bragueta y sacarse sus vergüenzas para descargar sus orines en cualquier lugar público, todos con la excusa de que no pueden aguantar, como si fuese una gracia que debe ser celebrada por los demás. No cabe la menor duda, es un acto del que nadie medianamente civilizado puede sentirse orgulloso.

Ningún lugar está excepto, en nuestro recorrido por Páez y Araure hemos encontrado estos rastros odoríferos en las plazas Bolívar de ambos municipios, a las afueras de los supermercados, junto a las farmacias, entidades bancarias y particularmente junto a los expendios de licores ubicados en las principales vías. Pareciera que estamos al borde del más terrible oscurantismo del que solo puede salirse con un modelo educativo creado para la civilización.

En la parada de una línea de rapiditos ubicada en el centro de Acarigua, los pasajeros esperan su transporte soportando los vapores cáusticos del orín que han dejado en la pared cercana, como relató Yorbis Tona, conductor de esa asociación y también afectado, quien destacó además que, “Esto es algo que se ve a diario, en cada esquina, sobre todo los que vienen de tomar en la licorería se paran y hacen sus necesidades ahí, como si nada, no nos parece una conducta acorde a la urbanidad y las buenas costumbres pero como no hay presencia policial uno está indefenso, desamparado, y amonestar a quienes lo hacen es someterse a los insultos, por lo que toca tratar de ignorarlos y luego pasar por la penuria de este insoportable olor”.

En Araure, esa ciudad que hasta no hace mucho se distinguía por ser tan conversadora y albergar en su seno a una enorme reserva moral —de la que tenemos fundadas sospechas de que aún existe—, no está en mejores condiciones, quizá la desidia de sus autoridades que la han abandonado a su suerte tenga mucho que ver porque no muy lejos del ayuntamiento, a tan solo pasos de una de las entidades bancarias estatizadas donde las filas para hacer trámites son más grandes que la esperanza del pueblo, encontramos un terreno baldío que se ha convertido en una suerte de letrina al aire libre abierta las 24 horas para que impúdicos de toda calaña consumen el grotesco acto de mostrar sus vergüenzas frente a mujeres y niños que transitan por ese lugar. ¿Dónde están los garantes del orden público cuando estas cosas suceden? ¿Acaso esa relajación de la moral no atenta también contra el futuro? ¿Es o no esto una lesión a la dignidad humana? ¿Esto podría ser tipificado como delito sexual sobre todo cuando hay niños y niñas viendo esos horrendos espectáculos?

En el lugar encontramos al señor Sulpicio Escalona quien como asiduo transeúnte de esa vía pública indicó que “los que tenemos conciencia cuando lo vemos sabemos que eso está mal, que en una sociedad normal eso no ocurriría, y es que ahí, en ese lugar, además de orinar tiran basura y defecan también, nos afecta a todos, ya uno no puede salir a caminar y si por obligación debe hacerse hay que trancar la respiración, estas son ciudades bonitas que merecen estar en mejores condiciones, hay que tener conciencia y educar a nuestros hijos, porque eso viene de la casa, los hijos se crían a riendas sueltas, sin educación y después hacen ese tipo de cosas. Las autoridades tienen que cumplir con su obligación, hay que hacer normas, leyes que sancionen con severidad ese comportamiento”.

En el estado Bolívar, específicamente en el municipio Caroní, ya hay una ordenanza municipal en la que se sanciona con hasta diez unidades tributarias a quien incurra en la falta, lo que demuestra que sí es posible hacerlo y que ello depende de la voluntad política, pero ello nos deja dos amargas preguntas: ¿Qué esperan los ediles portugueseños para hacer algo al respecto? ¿Qué han hecho durante todo este tiempo en que el fétido problema se ha estado desarrollando?

Ser humano no solo depende de caminar erguido, ser bípedo y parlante, el escritor francés Albert Camus decía que “un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo” y es que la humanidad requiere de la moral, la misma que ya en 1819, en su discurso al Congreso de Angostura, El Libertador Simón Bolívar unía al concepto de la luz del conocimiento como los más perentorios polos que debía tener la república. Seamos humanos para nuevamente hacer grande a esta nación.

Sulpicio Escalona: “Las autoridades tienen que cumplir con su obligación, hay que hacer normas, leyes que sancionen con severidad ese comportamiento”/ FOTO: Luis Marchán

Yorbis Tona indicó que “Es algo que se ve a diario” y que sobre todo lo hacen quienes vienen de beber licor en los expendios cercanos/ FOTO: Luis Marchán


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