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Se conocieron por internet y desde entonces no han parado en sus proyectos

Trina Ortiz y Alexander D’León apuestan todo por hacer de Acarigua un referente en las artes

Se conocieron a 52 kilobytes por segundo y —aunque la velocidad de conexión a internet de la estatal de comunicaciones no ha cambiado mucho en los últimos años— la relación de esta pareja sí que lo ha hecho y no solo en lo emocional sino también en los proyectos que, como Sala Garaje, juntos han emprendido para hacer de esta Acarigua somnolienta un punto visible en el mapa nacional de las artes, sin duda, una aventura única a la que Trina Ortiz y Alexander D’León han apostado todo.

Trina, quien es mercadóloga de profesión y nacida en el estado Monagas, vino a parar a este pueblo de Dios hace poco más de nueve años, luego de un noviazgo de 3 años que transcurrió entre visitas y distancias acortadas con llamadas y mensajes, con el renombrado actor a quien, confesó, conoció en una sala de chat para adultos contemporáneos, dejándolo todo, incluyendo su empresa de publicidad, por las bienaventuradas mieles del amor, todo esto en una de esas etapas convulsas en que Alexander también estaba haciendo importantes cambios en su vida, uno de ellos ese proyecto por todos conocido que se dio a conocer como Garaje Teatro.

La situación del arte, su práctica y su difusión en Portuguesa y en todas las demás regiones del interior del país, es francamente catastrófica pues, lamentablemente, en estos lares es el Estado el único que la financia, situación que ha llevado a los artistas a convertirse en empleados de este y, por tanto, en ejecutores de una política pública en materia cultural que no ha logrado la tan cacareada masificación ni la consolidación —o siquiera el sostenimiento— de los diversos grupos de profesionales, más aún cuando actuando como patrono, es decir, siendo juez y parte, coacciona a los cultures para convertir la lógica discursiva del arte (siempre contestataria) en meras peroratas vacías, simplistas y resignadas. “Ahora estamos peor, antes por lo menos se podía aspirar al cargo de actor, ahora, si es que consigues cargo, es como educador no graduado y ello ha tenido pésimos resultados pues el actor, el sonidista, el maquillador o el músico, tienen que dedicarse a dar clases en lugar de desarrollar su talento”, reveló Alexander.

Se puede decir que Garaje, en cuya creación también estuvo muy presente Simón Salcedo, es el fruto de uno de los procesos creativos que Alexander ha tenido en las artes escénicas, y nació, según indicó el actor, de la necesidad de contar con un espacio independiente en que pudiese desarrollar sus puestas en escena con la misma eficiencia y exactitud con que lo haría en un teatro regular, una plaza sin horarios ni trámites burocráticos en que se dieran cita todas aquellas personas que, genuinamente interesadas en el arte pero practicantes de algún oficio de garaje para ganarse la vida, pudieran encontrarse con su más profundo yo interno, ese que al deseo a todo pulmón de “¡mierda!”, hace de todo para dar vida a los mundos creados con el trasnocho y la tinta iracunda de algún escritor.  Así nació en el garaje de su casa, en la urbanización Fundación Mendoza de Acarigua, y desde entonces ha sido un proyecto en el que se han dejado la piel, una iniciativa que con el tiempo ha mutado en nuevas formas y visiones que les han permitido abrirse a otros campos del arte, convirtiéndose en Sala Garaje – Arte para el encuentro.

La simbiótica relación entre Trina y Alexander ha sido más que arrumacos y cotidianidades, de ella y quizá por ella, ha surgido un interesante caldo de cultivo en el que las ideas creativas van y vienen sin restricciones, en el que se desarrollan y se vuelven verbo y luego acción, y ha sido por esa magia del libre pensamiento —cosa tan deseada por estos días en toda la nación— que en el 2007 el actor comenzó a experimentar seriamente con la pintura y su integración con la escena, desarrollando a partir de un proceso de introspección todo un discurso pictórico que ha tenido tanta aceptación en el público como sus laureadas encarnaciones sobre las tablas.

Trina no se ha quedado atrás ni un instante en la vorágine creativa que los acompaña a todas partes, pues desde hace un tiempo comenzó a sacar a la luz pública y por diversos medios, una serie de poemas que han tenido mucha receptividad en la esfera artística de la región tanto como en los espectadores que, boquiabiertos, saborean cada una de las frases magistralmente creadas por esta novel poetisa que, seguramente, dará mucho de qué hablar en los próximos años. “Escribo poesía desde que era una niña pero nunca mostraba nada de cuanto ponía en mis papeles, no fue sino hasta hace poco que comencé a explorar esa parte de mí”, dijo.

Alexander y Trina, ese dúo tan particular, han abierto las puertas de la Sala Garaje y sus almas al arte genuino en el que las formas de expresión, que van desde la pintura hasta la música, pasando por la fotografía y la actuación, convergen en el más importante de los objetivos, el crecimiento de la dimensión humana a través de las ideas.

Un espacio para el encuentro

A la Sala Garaje se le puede ver también como el primer centro de teatro y otras artes que, aun siendo una iniciativa privada y autofinanciada, ha tenido éxito, repercusión y perdurabilidad, convirtiéndose en un referente para toda la región de los llanos que, hoy más que nunca, busca la manera de expresarse artísticamente sin el férreo tutelaje del Estado.

La poetisa Trina Ortiz y el actor Alexander D’León, han hecho de Sala Garaje un espacio libre para la confluencia de las artes/ FOTO: Luis Marchán

 


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