HOY en Familia

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Lleva una década pedaleando cada día desde el sur de Acarigua hasta Curpa

Eladio Linárez, más que heladero es un ejemplo de perseverancia

ACARIGUA/

Johnny E. Mogollón E.

La carretera destilaba el hálito espeso del asfalto asoleado y a orillas de este, una garza solitaria alzó el vuelo cuando nos detuvimos para mirar de cerca al hombre que, con parsimonia, pedaleaba el pesado triciclo con el que cada día sale a recorrer las calles para llevar a su casa el pan del trigo y el del ejemplo de vida que le da a sus hijos y a cada venezolano que ve en él ese empeño inmarcesible por el trabajo.

En Curpa, el histórico lugar en el que nació El León de Payara hace ya 226 años, encontramos a Eladio Linárez, bajo un frondoso mango en el que paró para aprovechar la sombra prodigada y esperar a algún cliente, y allí nos contó que de los 54 años que tiene, 10 los ha invertido en la venta de helados, trabajo que no lo ha hecho rico pero le ha permitido, con el sudor de su frente, levantar a su familia honradamente.

Es el padre y sostén de una familia de seis miembros por lo que ganar el sustento es una cuestión de supervivencia, pero más allá de la básica necesidad de proveer, Eladio es consciente de que su apego al trabajo es una virtud que debe transmitir a su prole a través del ejemplo diario y es por ello que cada día se levanta a las cinco de la madrugada a ultimar los detalles hogareños, a preparar a sus hijos para llevarlos a sus respectivas instituciones educativas, emprender su diaria travesía desde el sur de Acarigua hasta el centro y desde allí hasta los bordes geográficos de Payara, donde aprovecha la afluencia de empleados y obreros de las agroindustrias asentadas en ese sector para vender, en el transcurso de varias horas, su carga de helados, y finalmente hacer el camino de regreso a su hogar.

El oficio de heladero es difícil, representa enormes cantidades de horas expuesto al sol o a la lluvia, pedalear como poseso por kilómetros sin término y esperar a los clientes, todo eso siete días por semana, doce horas por jornada, es verdaderamente una temeridad que se ve recompensada, según comentó Eladio, en la dicha de saber que lo está haciendo con la plena conciencia de estar aportando sus fuerzas todas en la construcción de un país y una sociedad mejores. “Uno sabe bien que este trabajo es muy difícil y que muchas veces no se gana mucho, pero ahí es donde uno tiene que ser diferente y no desmayar, por el contrario, trabajar más fuerte, con más ganas, para lograr lo que se quiere”, expresó con un dejo de orgullo en su mirada.

Eladio gana apenas un porcentaje de lo que vende durante el día y no tiene seguro médico ni cotiza al IVSS, pero ninguna de esas limitantes le detienen al momento de trabajar pues asegura que a pesar de que mucha gente le ha dicho que se retire, él prefiere seguir en su oficio que entrar a la cada día más extensa estadística de los cesantes. “Es mejor, hijo, pedalear todo el día y ganar el dinero que hace falta llevar a la casa, que estar parado esperando a tener la suerte de encontrar un puesto de trabajo con todos estos beneficios, créame, la necesidad no espera”, dijo.

El heladero manifestó que con las intermitentes lluvias de los últimos dos meses las ventas han mermado, por lo que ha tenido que reforzar su ruta y poner más empeño pues en esta Navidad desea sorprender a sus hijos con algún presente que les recuerde su afecto y distraiga a la familia de esta terrible crisis económica por la que está atravesando el país pues “ellos no tienen la culpa de lo que está pasando y esas cosas además los motivan, no hay nada más bonito que ver a un hijo feliz”, expresó.

Sabemos que estos son tiempos difíciles, algo en la sociedad venezolana está roto, maltrecho, y no es otra cosa que la moral. La corrupción, el facilismo, la apatía, la pugnacidad y la violencia han llegado a niveles insólitos, es eso a lo que llamamos descomposición social y, ante tan oscuro panorama, la única solución posible es la de convocar a la reserva moral de la nación —que por fortuna todavía palpita en la Venezuela profunda que sangra por sus múltiples heridas—, a esos hombres y mujeres de trabajo consciente y responsable, como Eladio, como usted, a un compromiso férreo y obstinado por la construcción de un nuevo modelo social de desarrollo que nos dé el impulso que necesitamos.

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¡Ahí viene el heladero! Es una frase que no pasa de moda, que se nos ha quedado marcada a fuego en la memoria y el solo recuerdo nos trae al presente los olores, los sabores y hasta la ingenuidad de una edad sencilla en la que “fuerte” en mano, podíamos adquirir semejante manjar congelado que, en estos climas tropicales, es poco menos que una bendición caída del cielo, y Eladio lo sabe, quizá por eso una de sus paradas es la escuela Ciudad de Acarigua, donde no vende gran cantidad, pero tiene el gusto de ser quien alegre el día de los párvulos que convocados por el tintineo de sus campanillas salen a su encuentro coreando esa sempiterna expresión.


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